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Cristóbal Colón puso pie en esta isla en 1493 durante su segundo viaje a lo que llamaron el Nuevo Mundo, se encontraba habitada por indígenas nativos, los arawak y los caribes y la bautizó con el nombre de Santa María de Montserrat. Aunque la reclamó para la corona de España, fue ocupada por los inglrases en 1632 que instaló una colonia importando esclavos africanos, como era costumbre en ellos y desarrollaron plantaciones de algodón y azúcar entre otros productos.

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También los ingleses llevaron muchos presos políticos irlandeses que los utilizaron como criados en un régimen de esclavitud al igual que los africanos que debían trabajar las plantaciones de sol a sol. Durante la guerra de la independencia de Estados Unidos, la isla de Montserrat fue invadida por Francia pero más tarde, por el tratado de Versalles fue devuelta a la Gran Bretaña. Tras fuertes rebeliones de los esclavos por fin en 1834 se abolió definitivamente la esclavitud, llegaron nuevos colonos que compraron las tierras y cuando el precio del azúcar cayo estos plamtaron cítricos y otros árboles que no necesitaban tanta mano de obra.

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En la actualidad la isla de Montserrat  es un territorio dependiente de Inglaterra pero es uno de los 17 territorios bajo supervisión del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas con el fin de eliminar el colonialísmo.

En los últimos años del siglo XX se produjeron dos terribles acontecimientos para la isla, en 1989 el huracán Hugo con vientos de 140 kilómetros la hora arrasó el 90% de los edificios y hasta los estudios del productor de los Beatles quedaron muy dañados y se marcharon de la isla lo que hizo caer casi del todo el turismo.

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Tras unos años en que se intentó recuperar la isla, en 1995 el volcán Soufriere Hills entró en erupción destruyendo la ciudad de Plymounth teniendo que evacuar la población de forma repentina toda la isla. En la actualidad el sur está prácticamente deshabitado y el pueblo de Brades sirve de sede temporal del Gobierno. Antes de la erupción del volcán, la población era de más 13.000 habitantes con una mayoría de mulatos descendientes de ingleses, irlandeses y africanos y la población actual situada al noroeste de la isla no pasan ahora de 6.000 habitantes que se dedican al turismo siendo el vocán la máxima atracción de unos pocos visitantes atrevidos que quieren ver de cerca el volcán. Este no cesa de arrojar lava con la consiguiente amenaza tanto para el turismo como para los pocos y sufridos habitantes que se resisten en abandonar sus tierras en la isla esperando que un día el monstruo de la mantaña apague su fuego y se calle para siempre lo que de momento parece que es imposible.

Fuente:

Lo que queda de Plymouth

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