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Del mismo modo que avanza la tecnología, la medicina o las políticas democráticas en el mundo, las relaciones humanas también experimentan ciertos cambios de comportamiento en la familia y en las relaciones de pareja. Al acceder la mujer al mercado del trabajo, conlleva la cercanía y contacto a diario con el sexo opuesto, lo que antes era una situación impensable. La sociedad funcionaba de forma que la mujer al contraer matrimonio, se enclaustraba y se recluía en casa con los hijos o sin ellos, y solo frecuentaba otros lugares cuando el marido la decidía. La mujer, sobre todo en España donde la religión y el machismo han tenido anuladas todas las inquietudes de la mujer durante mucha décadas, ha tenido muy pocas o casi ninguna posibilidad de ser infiel.

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La situación actual de la sociedad ha variado mucho y con ello se abrió una puerta muy importante para que la mujer desarrolle sus capacidades que en muchas de ellas superan a las del hombre. También estos cambios ponen a su alcance la posibilidad de ser infieles, algo reservado antes solo para los hombres. No obstante, este proceder en la mujer no es por los mismos motivos que en el hombre. Mientras este lo que busca es sexo en una aventura extra matrimonial donde no intervienen los sentimientos para nada, la mujer va buscando ser querida y valorada.

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Con los años, la mayoría de matrimonios caen en la monotonía y en estas situaciones es donde la mujer puede sentirse poco querida, y aún teniendo relaciones sexuales satisfactorias, puede notar una falta de cariño y sentirse vacía. En estas situaciones es cuando aparece el compañero de trabajo o el "amigo" de la familia que se da cuenta de la situación y le regala el oído con frases bonitas y premeditadas de cariño y amor que no tienen otra finalidad de satisfacer su ego de conquistador pues la filosofía del macho humano es la de cazador y siempre acecha alguna presa en débil situación.

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A la mujer le cuesta dar el paso y antes lo piensa y lo repiensa mucho peleando con sus propias dudas y hay casos que le mueve un sentimiento de venganza al conocer infidelidades por parte de su pareja. También es muy frecuente que después de una infidelidad sienta remordimientos. La satisfacción sexual no es lo que la mujer busca, son una serie de carencias y deseos lo que la hace ser infiel y cuando además es madre, le cuesta más aún dar el paso pensando en el respeto a los hijos y a lo que puedan pensar los demás.

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También la reacción ante una infidelidad de la pareja, es muy diferente en la mujer que en el hombre. Mientras la mujer suele perdonar o tolerar y comprender en muchas ocasiones un comportamiento infiel de su pareja, el hombre por lo contrario si tiene conocimiento de una infidelidad se siente herido en su orgullo machista y suele reaccionar de forma violenta. No obstante, en la generación actual, con la preparación cultural y más moderna, ya se va comprendiendo que la infidelidad no es cosa solo de hombres, y que si algo no funciona en una pareja, la mujer tiene derecho a decidir y buscar en una aventura, lo que en la pareja no tiene.

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