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Gérmenes malignos existen en todas las piscinas pues el cloro no lo mata todo y es conveniente estar bien informado para saber donde nos metemos cuando el calor aprieta. Una de las principales medidas a tomar es ducharse antes y después de bañarse en una piscina, antes para no aportar malos olores o microbios al agua y después para eliminar los posibles gérmenes que se puedan haber cogido. Si hay exceso de cloro en una piscina pronto aparecen las irritaciones de piel, especialmente en los más pequeños pues tienen la piel más delicada.

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Cuando el nivel de cloro es muy bajo los gérmenes se reproducen con más facilidad y las infecciones son frecuentes. Las bacterias más peligrosas son las que proceden de restos fecales de personas que no se limpian bien o que sufren diarreas y no quieren renunciar a un buen baño no siendo conscientes del prejuicio que pueden causar a las personas. Las mujeres en especial tienen un doble peligro ya que se dan con frecuencia las infecciones vaginales dado que los microorganismos se quedan en el bañador mojado y penetran en la vagina produciendo picores, escozor, hongos, etc.

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Por ello se recomienda no permanecer más de media hora con el bañador mojado después del baño, ducharse utilizando un jabón neutro en las partes íntimas para eliminar los posibles gérmenes y también tomar batidos de frutos rojos que tienen propiedades antibacterianas. Las infecciones de conjuntivitis son muy frecuentes por lo que es recomendable usar gafas de agua que evitan que el ojo esté en contacto con el cloro o los gérmenes que puedan estar en el agua, especialmente en las piscinas climatizadas y también en otras donde los bañistas no tienen la precaución de ducharse y aportan al agua con el sudor microorganismos, bacterias y en algunos casos hasta parásitos como piojos u otros insectos frecuentes en el verano.

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