Un baño en la piscina es una de las formas más agradables de refrescarse en el verano, pero esta diversión no está exenta de pequeños riesgos para la salud, sobre todo para los niños, que suelen pasar más tiempo en el agua y tomar menos precauciones.

El ambiente de las piscinas, especialmente los suelos y las paredes de las duchas, así como los vestuarios y las zonas de césped, donde se concentran la humedad y los charcos, constituye el caldo de cultivo de una gran variedad de microorganismos. Pero no todos los gérmenes de piscina son patógenos, y , por otra parte, requieren unas condiciones propicias de humedad y temperatura para desarrollarse, por lo que la mayoría de las afecciones que se contagian a través del baño o la exposición al agua pueden evitarse fácilmente si se toman unas simples medidas preventivas. Otros factores que pueden propiciar el desarrollo y la trasmisión de los gérmenes, son usar calzado y ropa de calle en las zonas de baño, intercambiar tohallas, comer, fumar e introducir animales en las instalaciones, alterando las condiciones de higiene. Además, pisar descalzo las superficies revestidas con antideslizantes puede agredir la piel mojada y ablandada por el baño, permitiendo la penetración de algunos microorganismos cuyo desarrollo se ve favorecido en una atmósfera tibia y húmeda. En general por debajo de los 18 grados centígrados, el agua se considera fría y no presenta problemas, pero a partir de los 24 grados y a temperaturas más elevadas es necesaria una desinfección continuada y muy estricta, para evitar el desarrollo de bacterias explica la Doctora Matilde Astrid Lanne.

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