Los indultos han sido materia especialmente polémica en los últimos tiempos convulsos de España. Al ser una facultad exclusiva del Gobierno, que pasa incluso por encima de las sentencias dictadas por los tribunales, algunas de las últimas concesiones de indultos han levantado polvaredas de escándalo.

Pero, al mismo tiempo, el carrusel de indultos ha suscitado ilusión en el puñado de corruptos de “última generación” condenados, que se han apuntado a su petición sistemáticamente, apenas han sido sentenciados y huelen la proximidad de las rejas. Sueñan con esos indultos, como se supone que lo haría cualquiera obligado a ver pasar sus días tras los barrotes de una celda.

Seguir en prisión a pesar de poder disfrutar de indultos

Pues no. Una vez más, la realidad ha superado las expectativas en este país que no se cansa de sorprendernos. En Córdoba, un hombre que había sido condenado a pasar un año y medio en prisión, por un delito de robo con fuerza, se ha negado a aceptar uno de los indultos que se concedían, ahora que solo le quedan tres meses de pena.

Aunque pudiera parecer extraño, la cuestión tiene su lógica. Salvador, que así se llama el reo, argumenta que el cambio no le resulta nada favorable, teniendo en cuenta que lo que el Gobierno le ofrece es conmutarle la pena por una multa de tres años, a razón de 5 euros por día. Vistas así las cosas, Salvador no está dispuesto a pagar esos 5.475 euros, que le parecen cosa de ricos. Primero, porque, obviamente, no los tiene. Y segundo, porque ya solo le quedan tres meses en los que, además, goza del tercer grado penitenciario que le permite estar en la calle, controlado por una pulsera.

La Justicia es tan ciega que hasta los indultos son concedidos a su espalda

Justicia que clama por igualdad y cae en la desigualdad en los indultos

Es la Justicia que clama ser igual para todos, pero que, a la hora de la verdad, considerando que individuos ya están suficientemente rehabilitados para merecer indultos, no lo permite, porque no pueden pagárselo.

Por eso, la Fiscalía está estudiando el caso sin saber qué hacer, porque dice “no recordar nada similar” en los casos en que se han concedido indultos. No es extraño, acostumbrados como estamos a ver pagar o avalar fianzas y multas millonarias por otro tipo de personajes. Indudablemente, la situación sería muy diferente si a alguno de ellos se le ofreciera esa posibilidad de pagar la multa para conseguir su apreciada libertad. Nada de rechazo; un simple movimiento en un extracto bancario de Suiza, o un viaje familiar a la cercana Andorra.

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