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LA IMPERMANENCIA Y EL CAOS


Recientemente un amigo preguntaba “como se puede hablar de bienestar cuando estás sumergido en el caos. El hizo este comentario a modo general sin precisar de cual caos estaba hablando, podría estarse refiriendo a la ciudad o tal vez al caos económico o emocional. Tal vez al amigo no le faltaba razones para pensar de esta manera: porque en medio de una tormenta, nadie está considerando echarse bajo el sol.

 Sin embargo hay que considerar que todo pasa, incluyendo las peores lluvias, y llega el momento en el que escampa y podemos tender la toalla para sentir el calor del sol.

Nada es para siempre, y todo, incluyendo la felicidad es transitorio. En Pali un antiguo idioma del norte de la India en el que están escritos muchos de los textos sagrados del budismo, la palabra Anicha significa impermanencia, un término que no existe en español y que quiere decir que todo cambia y nada permanece.

Algo que se parece a la conseja de la abuela que dice “no se preocupe mijo, que todo pasa”, con la connotación de que Anicha aplica no solamente al tiempo necesario para sanar un corazón herido por el desamor, sino también para entender mejor el presente en donde estamos metidos y las carambolas de nuestra mente.

Vamos por parte que esto se deglute despacio. Gracias al entendimiento del cerebro y a la psique humana, ahora alcanzamos a saber que una cosa sea la realidad tal como la percibimos y otra muy distinta es la que guardamos en nuestra memoria. Sin enredar demasiado, podemos decir que no es lo mismo aquello que experimentamos en el presente y lo que tiempo después recordamos.

 El reputado psicólogo Daniel Kahneman, dice que tenemos dos Yo. Uno se encarga de registrar lo que pasa en el presente y ahora. El otro se encarga de almacenar las memorias de esos sucesos. Y como ambos no trabajan alineados precisamente, resulta que el más poderoso de los dos, toma el control a la hora de valorar nuestra vida y hacer predicciones hacia el futuro. ¿Cuál es el ganador en este pulso? El yo de los recuerdos, por supuesto.

Es así como la relevancia de los recuerdos que guardamos de cualquier situación puede ser mayor que lo que vivimos en el momento. De esta manera, nuestra vida puede estar signada por la calidad e intensidad de esos recuerdos. ¿Resultado? Si pasamos el tiempo masticando recuerdos tóxicos… la indigestión está más que garantizada.

¿Qué tiene que ver el amigo con esto? Cristalino: zambullidos como está en el caos de la ciudad, parte del día se le va sufriendo sus calamidades, pero la verdad es; que dedica más tiempo rumiándolos. Y no es que el caos que sufre sea un invento. Es real desgraciadamente pero; al solazarse con los recuerdos caóticos en la caja de resonancia de su mente, el resultado es un ruido ensordecedor que no abre espacio al aire fresco que también sopla a su favor.

Si este amigo pensara por un momento que ese tráfico mortificante quedará atrás en algún momento, y que la realidad cambiará para abrirle espacio a una serena conversación, un abrazo o un café mirando por la ventana, quizás Anicha le traiga un remedio a esa creencia nefasta de que es imposible vivir a plenitud a causa del caos.

Cabe recordar lo que dice el axioma universal de que: no hay mal que dure cien años ni cuerpo que se lo aguante y por gracia de Dios, ni mente que no pueda enfocarse en las cosas que nos hacen bien.


emoción

mancha1

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