Las ilusiones de un joven futbolista aficionado, son las de llegar algún día al profesionalismo, ojala en su equipo del alma.

El sueño del joven que entrena con ahínco  todos los días al salir del colegio de estudio, inclusive por cuenta propia en sus momentos de descanso los fines de semana.

Tiene en su vida una lucha tenaz entre el querer y el poder, los técnicos de hoy del fútbol, poco valoran la técnica y la inventiva, solo correr y chocar son sus enseñanzas  y  juzgamientos.

Da lástima presenciar un partido de los jóvenes pre juveniles, con su técnico pasado de kilos en la raya, inculcándoles el juego de solo fragor y de punta para arriba, sin regalarle nada al aficionado que estoico aguanta semejante tortura.

La talla, la fuerza, la velocidad y la obediencia táctica, con poca rebeldía que da la capacidad creativa de emancipación, naufragan en los potreros que se atreven a llamar canchas.

En las largas noches sin sueño, el joven que tiene alguna condición técnica, se pregunta  sí vale la pena ser parte del maltrato que se le impone al espectáculo del fútbol.

Dicen los filósofos del juego más popular del mundo, que éste fue creado para dar pan y circo al pueblo, para mantenerlos alejados de los posibles reclamos a la dura vida, que propician las castas dominantes.

Pero opino que jamás pensaron en todas las connotaciones sicológicas, sociales, políticas y económicas que entrañaría con el pasar del tiempo.

El fútbol desprovisto de juzgamientos severos, visto con los ojos del alma, es una bella expresión plástica, de artistas privilegiados que con un balón danzan armónicamente, con elegancia estética que termina en un gol, o en un intento de elocuencia mágica.

Supongo que para muchos jóvenes con alta dosis de sensibilidad, de alguna forma sienten lo mismo que lo expresado anteriormente, el juego que de alguna manera los ilusiona desde la cuna hasta el fin de sus días.

A través de la historia las ilusiones de jóvenes futbolistas se han frustrado por muchas razones, falta de disciplina, poca inteligencia emocional, pero hoy en día, la habilidad y el empaque pequeño, son sus peores enemigos.

El joven pasional, lo vemos llorar el paso de los años, sin poder lograr cumplir sus ilusiones de vivir la sensación de un estadio lleno, de acariciar la redonda con ternura, de ser un gran artista del espectáculo de la alegría.

Se termina de ejecutivo en una empresa, de pintor de brocha gorda, de docente en una apartada escuela, con los sueños de futbolista rotos y la amargura de ver tanto atleta de los cien metros en una cancha, donde pocos son los artistas.

Generalmente los artistas vencen a los peones, con épicas jugadas que quedan en la memoria de los amantes del juego, pele en México 70, Maradona en México 86, los genios son necesarios para la belleza plástica del fútbol.

Y mucho más necesarios, si son caballeros a carta cabal, mejor personas que artistas.

Jóvenes aspirantes a futbolistas, de no lograr cristalizar sus ilusiones lleven en su mente, alma y corazón, la mayor enseñanza del juego, el respeto, la tolerancia, el pluralismo, el aporte individual en la consecución de objetivos colectivos.

 

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