Las ilusiones  futboleras mundialistas con motivo de Brasil 2014, tienen dos fases bien claras, la primera la previa con todo el furor de lo que puede pasar con las selecciones, la segunda el crecimiento o el apagón total con los resultados obtenidos en la competencia.

El fútbol tiene connotaciones sicológicas y sociales, de las que se valen la política y la economía, teniendo muy en cuenta las dos fases.

En la previa para aquellos países clasificados, es la oportunidad de redondear buenos negocios al calor del optimismo de lo que es posible, frases “como sí se puede”, fluyen por doquier  alentando al consumo masivo de bienes y servicios.

Los gobiernos utilizan la previa del evento como cortina de humo, para los múltiples problemas de todo orden que acarrean, en Colombia en vísperas de elecciones para corporaciones y presidenciales, la previa como anillo al dedo para prometer un mejor país.

Tanto empresarios como los gobiernos cruzan dedos, para que sus selecciones logren avanzar hasta lo esperado, y así evitar la pérdida del entusiasmo y la fe en un mejor presente y futuro.

La previa representa grandes ganancias para los empresarios, y cierta estabilidad de la economía  para los gobiernos, la alegría reina propiciando un ambiente de tranquilidad y sana convivencia.

Quién lo creyera, los países participantes en la justa, se ponen de moda en la palestra universal, con todas las oportunidades de negocios que ello conlleva, como mínimo para los menos desarrollados tecnológicamente, explotar el turismo.

Es más, muchos que son algo desconocidos por no dar noticias para los millones de noticieros de todo el mundo, se dan a conocer por solo participar en la justa, así no sean favoritos.

El meollo del asunto para los que tienen ilusiones y para los que no, porque en el fondo del alma del aficionado raso, siempre estará la ilusión de ser campeón, sin importar la real capacidad del equipo, es no ganar el primer partido y catastrófico no pasar la primera ronda.

En plena competencia las derrotas apagan el alma de los aficionados, perdiendo el entusiasmo y la fe, pérdida de la confianza para los expertos en los temas económicos y políticos, con graves consecuencias a saber.

Para los gobiernos el despertar de un pueblo a la realidad nacional del desempleo, la falta de educación de calidad, los malos servicios de salud, la inseguridad, la corrupción.

Para los empresarios el duro golpe de bajos consumos de bienes y servicios en dos o tres meses por lo menos.

Para el país netamente futbolero la frustración de un entusiasmo desbordado, que nuevamente nos deja llorando, con la impotencia de no ser nada y de no servir para nada.

Los juicios deportivos de responsabilidad afloran por todos lados, los ídolos de la previa pasan a ser los villanos del presente, no queda títere con cabeza.

Los noticieros llenan largas horas relatando el funeral deportivo con cierta sátira, los programas de humor ridiculizan nuestras selecciones, los personajes públicos opinan, el dolor es un hecho recalcado  y martillado por mucho tiempo.

Pero no seamos tan pesimistas, por lo menos nosotros los colombianos, esperamos una muy buena actuación de nuestra selección, así la estrella Falcao, posiblemente no pueda jugar el mundial.

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