EL ÍDOLO DE BARRO

 

El boxeo es uno de los deportes que más han aportado al séptimo arte, quizás porque la industria es predominantemente estadounidense y el público de este país suele quedar fascinado por la historia de esos púgiles que logran llegar a lo más alto desde abajo. Este deporte, que en sus inicios se daba en los ambientes más desfavorecidos, es el máximo exponente del extendido mito del “sueño americano” en el que una persona, con su esfuerzo, puede llegar a alcanzar posiciones de éxito y fama… y a caer si deja de esforzarse. Muchas películas nos han mostrado cómo este sueño se puede convertir en una pesadilla no solo para los que aspiran a él sino también para los que lo alcanzan.

Muchas películas sobre boxeadores muestran el triunfo y caída de estos. No solo tenemos ejemplos como las últimas entregas de las aventuras de Rocky Balboa, sino que clásicos como Toro Salvaje, de los que se han vertido ríos de tinta, tratan temas como las aspiraciones de alcanzar una vida más halagüeña o el alto precio del éxito. Temas que son centrales en El ídolo de barro.

El boxeo

Esta cinta, estrenada en 1949, dirigida por Mark Robson y protagonizada por un joven Kirk Douglas, cuenta la historia de dos hermanos que buscan fortuna a lo largo de todo el país. Uno es Connie, un buen chico que respeta a los demás y tratará de ganarse la vida honradamente. Pero él solo sirve para darle más profundidad al verdadero campeón, al que se lleva la fama y la gloria, al que de verdad importa: Midge Kelly, un tipo mucho más impulsivo y violento que su hermano. Y, desde luego, mucho más dispuesto a poner sus aspiraciones por encima de todo.

Al principio encontrarán trabajo en un restaurante, tras el fallido coqueteo de Midge con el boxeo. Pero cuando el dueño le descubra con su hija, le despida y le obligue a casarse con ella, tendrá que volver al ring tras recibir un curso intensivo por parte de su entrenador. Irá olvidando a su esposa y a sus seres queridos, que comienzan a ser un lastre en su carrera, y comenzará a codearse con compañías nada recomendables que le garantizarán un ascenso rápido pero con un gran coste.

El ídolo de barro

La película tiene muchos atractivos, como el panorama urbano y pobre que muestra en sus primeras escenas, en contraste con el lujo al que el ambicioso protagonista se irá acostumbrando. También cuenta la historia de forma simple, sin artificios, con una narración lineal que nos hace comprender a la perfección el ascenso del boxeador a través de recursos sencillos pero efectivos como los recortes de periódicos. Los combates que aparecen en el filme son cortos y concisos, ya que su única función es hacer avanzar la trama, y no constituyen el atractivo principal de la misma. Este es la evolución del personaje principal y su relación con su familia y amigos, preocupados por la arrogancia y el carácter crecientemente violento que presenta Midge.

Este está interpretado por un genial Kirk Douglas que alcanzó el estrellato con esta cinta. El actor logra captar a la perfección la personalidad de este púgil que, a pesar de comenzar la película con buen corazón, resulta ser demasiado impulsivo e irascible para mantener su buena vida. El final nos muestra lo que puede ocurrirle a una persona que cree que su éxito viene únicamente de sí mismo y no sabe apreciar a las personas que le han apoyado para llegar hacia donde está. Aunque la gente le recuerde como un campeón, Midge Kelly no aprovechará su fama, sino que acabará siendo consumido por ella.

Kirk Douglas

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