Lo descrito a continuación, claro está, es una simplificación, una síntesis didáctica que puede servir para una mayor comprensión de las ideologías, que lejos de desaparecer –como profetizara algún autor- están totalmente vigentes.

¿Cómo entienden estas dos ideologías la relación entre el Estado y la sociedad civil? Naturalmente, la relación entre Estado y sociedad civil históricamente se manifestó en tres acciones básicas: proteger, promover y suplir.

Las ideologías tradicionales se enfrentan en el énfasis que ponen en alguna de estas tres acciones. Y esto ocurre lamentablemente en perjuicio de las otras dos.

Según el liberalismo, esta función del Estado debiera reducirse a la de proteger, y casi nunca suplir. Recordemos la frase de aquel presidente argentino, Domingo F. Sarmiento, hacia el año 1870, cuando afirmaba al respecto que “el Estado no tiene alma”… “no se salva ni se condena”… “si los pobres se han de morir, que se mueran”. Esto acontece porque, para el liberalismo, la sociedad civil sólo está formada por muchos individuos –no en grupos ni en sociedades intermedias-, todos distintos y desiguales, y cada cual tiene una libertad absoluta para hacer lo que quiera, mientras no sea perjudicar la libertad de su vecino.

La función del Estado liberal es simplemente la de proteger esa libertad, dejando hacer a cada uno lo que quiera. Con lo cual queda claro que el problema ético no debe mezclarse con lo político. Así, el pragmatismo es la regla de la acción política.

Para el socialismo, en cambio, el Estado debe hacerlo todo. La función del Estado socialista es únicamente la de suplir. Porque el socialismo piensa que la sociedad está formada por individuos absolutamente iguales entre sí, que tienen libertad para todo, pero no para impedir la acción del Estado o para sobresalir del resto de la sociedad, que en definitiva termina siendo masificada.

Por otro lado, entonces, el liberalismo piensa que todos los seres humanos son buenos naturalmente y que siempre usan bien de su libertad. Por eso el Estado liberal debe dejar que la sociedad civil lo haga todo por sí misma. En el otro extremo, el socialismo piensa que todos los hombres son naturalmente malos, que nunca saben usar correctamente de su libertad, y por eso el Estado debe hacerlo todo y no permitir que la sociedad civil haga nada.

No obstante hay un acuerdo, un sentir común que las emparenta: ambas ideologías consideran a la sociedad civil como un conjunto de individuos, cuando en realidad podemos observar que está constituida por “un conjunto de grupos”, de los cuales el más pequeño es la familia. Y de allí el empeño que tienen ambas ideologías en considerar a la familia como una simple creación cultural.

Conscientes de esta igualdad esencial, ambas ideologías actualmente coordinan sus acciones y se asocian para obtener los mismos resultados en los diversos Estados de la mayoría de los países. Situación que causa a veces gran perplejidad entre la gente, pues creían que ambas serían siempre enemigos irreconciliables.

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