Ideas para disfrutar al 100%
La dama

¿Cómo?
Él: Se apoya sobre sus brazos, hacia atrás y sentado en posición sastre, y con los muslos lo suficientemente separados para que puedas actuar...
Tú: Súbete encima de tu pareja cara a cara y aprisiónale entre tus piernas. Comienza a moverte arriba y abajo, hacia la derecha y hacia la izquierda. Sube y baja. Tienes que encontrar el ritmo que mejor os vaya.
¿Por qué está tan bien? ¡Porque eres tú la que mandas! Eres tú quien controla el ritmo y la profundidad del movimiento. Mirándole a los ojos, le desafías haciéndote resistir y viviendo un gran momento de complicidad entre movimientos sexys.
El momento adecuado para probarlo: Cuando te sientas en plena forma y tengas ganas de imponerte. ¡Es una buena práctica para liberar tensiones tras una discusión!
Está bien saber: Tu pareja puede tener calambres. Puede apoyarse sobre la pared para dejar libres así los brazos y las manos… Depende de él que las utilice bien…
Para calculadoras: el gran 8

¿Cómo?
Tú: tumbada boca arriba, con las piernas dobladas y ligeramente entreabiertas. Puedes colocarte unos cojines bajo la pelvis para facilitar el acceso y permitir una penetración más profunda.
Él: se coloca en tracción sobre sus brazos y las manos a cada lado de tu cara. Coloca las manos en sus caderas y guíale para que dibuje 8 en tu interior.
¿Por qué está tan bien? Este ángulo permite que la penetración sea muy profunda. Pero es, sobre todo, el movimiento en forma de 8 que permite que sus genitales acaricien y exciten zonas y recovecos de tu intimidad que hasta ahora incluso hasta desconocías. Además, el hecho de que frote su pubis contra tu clítoris hará que alcances el séptimo cielo.
El momento adecuado para probarlo: Tras una noche de bailoteo, cuando estés cansada y no tengas ganas de hacer gran cosa excepto ¡dejarte llevar y disfrutar!
Está bien saber: También puede dibujar otras variantes de la cifra para descubrir nuevas sensaciones. El 8 tumbado es el símbolo del infinito. Bonita promesa, ¿no?
Para pesos pluma: escalada del deseo

¿Cómo?
Él: De pie y recto (¡al principio!) y con los pies bien sujetos al suelo, ¡él está esperando a que le saltes al cuello!
Tú: Ligera como la pluma, agárrate sobre los hombros y deja que te levante. Rodéale el cuerpo con tus piernas y tus pies sobre una cama, un sofá, una lavadora… Puede jugar como si fuera un montacargas contigo y subirte y bajarte cuándo y cómo le apetezca.
¿Por qué está tan bien? Porque las sensaciones son bastante inéditas. Tendrás la impresión de hacer acrobacias y de tener un ascensor que sube y baja ¡dentro de tu vagina! El movimiento es rápido y profundo a la vez, de arriba abajo aumenta el placer.
El momento adecuado para probarlo: Cada vez que te apetezca jugar a "yo soy la mujer frágil y tú el hombre fuerte".
Está bien saber: No dudes en arquearte hacia atrás agarrándote a su cuello para que pueda penetrarte más en profundidad. Además, así le ofrecerás una vista preciosa de tu anatomía.
Para acróbatas: la carretilla

¿Cómo?
Tú: Utiliza tus recuerdos de infancia e imita la postura de la carretilla como cuando jugabas. Utiliza unos cojines para conseguir la altura adecuada.
Él: De pie detrás de ti, te agarra de los tobillos y los sujeta firmemente. Dobla un poco las piernas para pegarlas a las tuyas.
¿Por qué está tan bien? El efecto sorpresa ¡evidentemente! Desafiáis la ley de la gravedad y las prácticas habituales. Boca abajo, sentirás un agradable vértigo que estará acompaño de sensaciones fuertes por la penetración por atrás. Sin olvidar la vista que tiene tu chico de tu trasero. ¡Con un espectáculo como esté seguro que se esfuerza el doble!
El momento adecuado para probarlo: Cuando te apetezca acabar con la rutina y quieras mostrarle a tu compañero que tus clases de yoga son eficaces… ¡en todos los sentidos!
Está bien saber: Para no cansarte demasiado, apóyate en el antebrazo y sólo sobre tus manos. Levanta la cabeza regularmente para que la sangre no te suba a la cabeza demasiado rápido. ¡No es momento para sustos!
Para mujeres con prisas: el encadenado

¿Cómo?
Tú: Te subes a un mueble con algo de altura como un mostrador, la lavadora… siéntate en el borde y apóyate sobre los brazos.
Él: De pie frente a ti, se deja aprisionar entre tus piernas y le rodeas con las piernas por la zona de la pelvis. Os miráis a los ojos, y él mueve la pelvis hacia delante y hacia tras mientras tú le diriges.
¿Por qué está tan bien? Por la dimensión psicológica: el placer se multiplica por la excitación de un achuchón fugaz y espontáneo, pero algo brusco a la vez, en un entorno poco habitual como la mesa de la cocina, el escritorio o la lavadora.
El momento adecuado para probarlo: Cuando tienes invitados para cenar y tienes ganas de algo rápido, según surja… ¡antes de que lleguen!
Está bien saber: El tamaño a veces es motivo de burla en la pareja, pero sería una pena no aprisionar a tu pareja porque le falten unos centímetros… Un diccionario grueso o unos cojines tendrían que paliar ese desajuste sin problemas.
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