Bien, de hecho los dos “mejores chistes del mundo”, ganadores de concursos de humor intermacional

risas chiste grupo

Los dos chistes que siguen han sido proclamados como el “mejor chiste del mundo”, el primero como conclusión de un estudio de la Universidad e Heretshofire, y el segundo en un concurso organizado por la revista “Selecciones de Reader’s Digest”, que contaba con un jurado de archiconocidos cómicos y humoristas. Al primero se le supone una procedencia americana (la procedencia de un chiste es algo difícil de rastrear) y el segundo es de procedencia sueca. Curiosamente, los dos chistes son de cazadores.

 

Ganador del estudio universitario:

Un operador de teléfono de emergencias recibe la llamada de un hombre muy angustiado y nervioso que solicita ayuda urgente.

--¿Qué le ha ocurrido?

--Verá... estaba cazando en el bosque con mi amigo David, cuando de pronto, David se ha puesto pálido, ha caído redondo al suelo... ¡No le encuentro el pulso, me parece que no respira! ¡Oh, dios mío, creo que está muerto! ¿Qué debo hacer?

--Cálmese, por favor, estoy aquí para ayudarle –dice el operador--. Vamos a ir por partes, ¿vale?

--¿Qué hago?

--Paso 1: asegúrese de que su amigo está realmente muerto.

--De acuerdo –dice el cazador.

Se produce un silencio en la línea, roto por el chasquido de una espeta al cargarse, y a continuación, el sonido horrísono de dos disparos. Después, el cazador se pone de nuevo al teléfono.

--Vale, ya me he asegurado. Y ahora, ¿cuál es el paso dos?

 

Ganador del concurso de Reader’s Digest:

Un cazador pijo de la capital va a cazar al campo y consigue abatir a un pato de un disparo. Pero el cuerpo del pato va a caer en el patio de la granja de un lugareño. Cuando el cazador va a por él, el lugareño se niega a entregárselo, alegando que ha caído en su casa.

--¡Pero, ¿qué se ha creído, paleto ignorante? ¡He sido yo quién lo ha cazado!

No consiguen ponerse de acuerdo y, a la postre, el lugareño hace una propuesta:

--Se me ocurre una idea. Primero yo le pego una patada en sus partes privadas, y después usted me la pega a mí. El que consiga aguantar el dolor sin gritar, se queda el pato.

El cazador pijo acepta el trato. De modo que el lugareño toma impulso y le propina una fortísima patada entre las piernas al cazador. Éste resiste sin gritar, pero pasa diez minutos revolcándose de dolor por el suelo y queda con todas las partes hinchadas como un melón. No obstante, está satisfecho:

--¡No he gritado! –proclama--. Ahora me toca mí.

Y entonces el lugareño replica con una sonrisa:

--No es necesario. ¡Puede quedarse el pato!

 

Créditos ilustración: prwany/canstockphoto

 

 

 

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