La huésped.

La obscuridad cubre el cielo otra vez, el lúgubre terreno alrededor de un imponente castillo, queda sumido en una impetuosa tormenta. Un plácido sueño es interrumpido al escuchar un fuerte estruendo que retumba en las paredes, súbitamente, una dulce joven es impulsada por sus bajos instintos de supervivencia. Despierta sudando, preguntándose una y otra vez: “¿Dónde estoy?”, sollozando del miedo, mientras un rotundo silencio reina el sombrío lugar, que es acompañado por sordos sonidos de las gotas torrenciales.

Ella, lentamente dirige su vista a lo que parece ser la puerta de una gigantesca habitación decorada de grandes cortinas, una roja alfombra, una descomunal ventana con una vista panorámica hacia un imperceptible valle, inmerso en las tinieblas, y, una pintura en el techo que parece dramatizar una fuerte batalla entre guerreros de una manera sanguinaria. Sus latidos empiezan a agitarse al sentir la presencia de alguien más en la habitación, pero que sencillamente, no se puede ver. Temblorosa, busca una lámpara con el objetivo de apagar esa opacidad vehemente repartida, hasta que, por fin la encuentra. Al encender la llama, los detalles de la habitación son cada vez más apreciables, llegando a mostrar, horribles escenas de masacres en un desértico campo de batalla sobre el marco completo del techo de la habitación, entonces, se escucha una funesta voz que parece pronunciar palabras que ella nunca había escuchado, esta, llamándola por su nombre: “Alisa… Alisa… Alisa.”

Ominoso castillo en la cima de una montaña, con vista a un gigantesco valle.

El aire poco a poco se empieza a sentir más y más denso, entonces, lo vio. Esa extraña criatura estaba viéndola fijamente desde el otro extremo del ventanal. Al principio, el horror la tenía fuertemente paralizada, pero cuando agarró valor, no se le ocurrió nada más que decir, que:

- ¿Quién eres? - pronunció, con la respiración entrecortada- ¿Qué hago aquí? -Pero la silueta, que, era más opaca que la misma lobreguez del exterior de la ventana no dio respuestas. - ¡Responde! -gritó, con un tono más decidido- ¡No te quedes callado!

Sin embargo, a pesar de los intentos por comunicarse con esa figura, esta no respondía; repentinamente, la puerta de la habitación dio otro fuerte estruendo al abrirse, se dio con tal magnitud que la tenue luz de la lámpara se apagó. Cuando ella, fue en búsqueda de esta, se dio la vuelta para ver la ventana; y la sombra, había desaparecido.

- Alisa… no… te preocupes-se escuchó por toda la habitación, con un tono aún más infausto que el anterior-no te haré daño, pero…. debes prometerme… algo…-

Alisa quedó en silencio esperando.

-Déjame… entrar. -contestó, con un tono firme, pero luctuoso.

- ¿Cómo?, interrogó, mientras que observaba todo lo que la rodeaba - ¿No fuiste tu quien me trajo?

- No, señorita- replicó- Tú misma… viniste a este ominoso castillo.

- ¿De qué estás hablando? – preguntó, angustiada- ¡Yo nunca me acerqué a este castillo! – exclamó, de tal manera que su voz llegó casi al punto de quiebre.

- Solo… déjame… entrar. Yo te lo explicaré todo.

- Jamás vas a entrar a este cuarto. – objetó- ¡Vete!, o bien… ¡Dime en dónde estoy y cómo volver a casa!

- ¡No! – gritó, con un tono dominante - ¡No te diré nada, hasta que me dejes entrar!

- Espera. – replicó, de manera audaz y pausada- Si… yo no te dejo entrar, entonces… no puedes entrar… tengo razón, ¿no?

- Haz… lo que tú desees. – respondió y calló.

Ojos pertenecientes al ente, demuestran su carácter hipnótico, seductor e impío.

Luego de varios minutos de silencio total, un pensamiento extraño cruza su mente “¿Dónde estará?, ¿Hacia qué lugar habrá ido?, ¿Será… que… me abandonó acá?”

- ¡Oye!, Silueta infernal, que ha de viajar por los rincones de la negra niebla, ¡No me dejes aquí, muriendo en soledad!

- Nunca. – rompió el silencio, de nuevo, esa opaca voz. - Nunca te dejaría sola. ¿Por qué me llamas “silueta infernal”? - interrogó, con una voz burlona; mientras asomaba sus impetuosos ojos, que brillaban, cual llama ardiente.

- ¿Qué criatura diurna, pediría permiso para entrar en un castillo como este? – Afirmó, mientras su boca formaba una pequeña sonrisa.

- Entonces… ¿Me dejaras entrar? – preguntó, con un tono burlesco.

- No, aún no. – E hizo una corta pausa. - Me gusta… saber que tengo el control sobre una nefasta criatura de la noche.

- Y… a mí… me gusta saber… que una criatura tan fascinante… tenga control sobre mí. – reiteró con su tono burlesco.

- ¿Por qué no te muestras? – consultó, con una fuerte curiosidad.

- Si te muestro cómo soy en realidad, probablemente no haya vuelta atrás – respondió, con una voz pausada.

- Estoy… dispuesta a arriesgarme… - mientras su sonrisa solo se hacía más y más grande.

Se muestra la eficacia del poder hipnótico/lujurioso del ente.

Fue, entonces, cuando esa impía sombra salió de la negrura. Unos ojos teñidos de un carmesí intenso, resaltan de toda su apariencia, llegando a penetrar fuertemente en el alma de cualquier mortal; su piel, aunque joven, se podía ver de un color sumamente pálido, asemejándose al tono de un cadáver con pocos días de muerto; un torso sumamente ancho que recordaba al de un oso, que se complementaban con unas extremidades de aproximadamente un metro de longitud; junto a unas uñas, cuyo filo parecía igualarse a una espada y un pelaje a lo largo de su cuerpo que se equiparaba al de un lobo salvaje en medio del bosque. Era… una apariencia tan sacrílega que apenas podía mantenerse la vista, hacia tal aberración. Un sentimiento de pánico y excitación recorrió el cuerpo de ella, al apreciar tal perversión hecha carne.

- Nunca había visto algo así. – afirmó aterrorizada y exasperada – No puedo creer que tengo el poder sobre un ente como tú. - Sabiendo esto… creo que voy a dormir tranquilamente… nos vemos al amanecer, querida entidad impura, buenas noches.

- No… no me dejes aquí… déjame… entrar… - suplicó, levemente.

Ella, apagó la lampara y se acostó a dormir. Una vez, cerró los ojos, dejó caer su mundo onírico sobre ella, sin embargo… imprevistamente, un fuerte estrepito proveniente de la puerta quebró sus sueños de nuevo, pero… esta vez no pudo abrir los ojos, pues unos firmes dedos no lo permitían, ella, solo escucha fuertes exhalaciones por encima suyo, entonces abre la boca y pronuncia las siguientes palabras:

- … ¿E-e-eres tú? – interrogó en suspiros nerviosos.

- Sí… dulces sueños. – susurró – Ahora, eres mi huésped. - y calló.

El ente pone su mano sobre el rostro de Alisa.

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