Cuando no te sobra el dinero, debes echarle imaginación a la vida para llegar a final de mes comiendo todos los días. Yo soy de las que come muchas veces gracias a la imaginación. Producto de mi imaginación desbordante son los huertos de terraza que he puesto en marcha en mi casa y en la casa de mi hermana. La pobre siempre tiene problemas financieros por lo mal que gestiona sus finanzas.

No necesitas tener una terraza grande para sumarte a mi moda de los huertos de terraza. Con un balcón donde puedas poner unas macetas con un cultivo en miniatura de perejíl, apio, ajos puerros, alguna lechuga y todas esas pequeñas hortalizas que crecen como la espuma cuando tienen un regado frecuente y adecuado. Yo empecé con el cultivo de perejíl y ajos en unas macetas. ¿Por qué iba a pagar dos euros por un ramito de perejíl? Compré las semillas y las planté en una maceta grande. Mi siguiente cultivo fueron los ajos. Son carísimos. Por eso, cuando llegó el mes de enero planté unos dientes de ajos en unas cuantas macetas. Tuve una cosecha de ajos estupenda.Me va a cubrir mis necesidades de ajos y todavía me quedarán para volver a plantar. Las lechugas también las planté este verano en una jardinera. Otro ahorro. Estos pequeños ahorros que consigo con mi huerto de terraza repercuten favorablemente en mi economía familiar.

No necesitas tener grandes conocimientos agrarios para conseguir un huerto de terraza exitoso. Se aprende trabajando y, si tienes alguna duda, existen muchos tutoriales en Youtube para aclarar tus dudas. Pero no te líes. Una semilla para crecer sólo tiene que estar cubierta de tierra.

Os recomiendo iniciar vuestros huertos de terraza. Yo prefiero tener una lechuga que nos dará una comida a tener un geranio que no nos comeremos. Las lechugas son preciosas. Hay mucha variedad. Yo tengo varias macetas con lechugas en la cocina. Crecen como rosas.

¿Más ventajas de los huertos de terraza? Por supuesto. La más importante es el dinero que les puedes sacar. Mis amigas siempre se llevan alguna hortaliza que les cobro, por supuesto. El otro día le vendí a una amiga mía unas espinacas nacidas y crecidas en mi terraza y con ese dinerito me fui a la panadería a comprar una empanada para la cena.

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