HOMENAJE AL RUISEÑOR DE VENEZUELA

Huérfanas quedaron todas, toditas sus hijas predilectas, entre ellas se dieron el pésame, pues las agobiaba el dolor, de haber perdido a su padre, el ruiseñor, el autor.

En otrora, quedaron sus cantos, recorriendo la sabana, como potro que cabalga atropellando el mastranto, el arpa se entristeció y fue a buscar el consuelo en los arpegios del cuatro, afligido lo encontró, los capachos, perdieron hasta las semillas y se quedaron vacíos, enmudeció el verso infinito de sus notas cantarinas, Lorenzo sobre la tarima dejaba el pueblo, el corrido.

Oiga Compae Pancho, lo que me pasa lo sabe usted, usted y Josefina, querida del alma mía, que junto a Luisa, la que en una linda mañana de primavera la conocí; Efímeros fueron esos amores, como el niño enamorado, que le dijo a su damita, tu amor, fue una ilusión, ya no sufras corazón, por quien no te sabe amar, te llevare a mi rancho, porque tengo mi rancho en el monte, tengo mi lindo potrero, Rosalinda, me voy con la tarde linda, eso dijo Ernesto Luís, pero Lorenzo siempre con el verso ligero, cuando vio aquella mujer, de inmediato se arranco, quiero cantarle mujer a tu belleza sin igual, siempre de enamorado. Si mi bisabuelo estuviera aquí, seria un hombre feliz, no tanto por el reconocimiento, sino por el compartir, con tanta gente buena que nos acompaña el día de hoy, agradezco en nombre de mi bisabuelo, que Dios lo tenga en su santa gloria, en nombre de mi mama, Lorena, de Samántica, mi hermanita y hasta de mi papa, por dedicarles estas cortas líneas, gracias, mil gracias, Dios, les bendiga.

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