Un hombre sexy es un deleite a los sentidos, gracias a Dios por ellos; hay hombres que definitivamente logran quitar el aliento, mientras aparecen por un instante tan fugaz como ellos, tal vez solo el instante de existencia de su imagen creada. Daniel Day Lewis, Ricardo Arjona, Ricky Martin, Alejandro Fernández, claro!!, Iván Cepeda, el de antes; son hombres así.

Pero hay otros, que no saben que lo son, esos son mejores aún; son aquellos que sin saberlo, logran con su mirada transportar un deseo de propiedad sobre ellos; su cierta manera de sonreír, y decir algunas cosas, provocan el anhelo de por lo menos un beso; su barba a medias y la manera de cruzar las piernas, es como sentir el olor de un churasco asándose; provoca deseo de comer un bocadito.

Conozco uno que al lucir así, como quien carga la dulzura sin matarla; carga su sonrisa rendida, su mirada indescifrable, cierto bluejean combinado con lanas y telas oscuras, ese olor cálido, un tono de voz amoroso, la decisión de estar ahí, y su amabilidad volátil; con eso, logra sin mucho aspaviento, llamar mi atención total.

La primera vez que me detuve en ello, este que conocí declamaba un poema de Pablo Neruda, lo escuché en su expresión, su postura, su voz, con la sorpresa de entender, que había otro dentro de todo esa armadura corriente que lo camuflaba; solo quise saber su nombre y esperar.

Este llegaba en las mañanas, buscando algo de mí, buscando hablar; su búsqueda empezó a inquietarme, cuando mientras hablaba me detenía, en cómo se veía recién bañado y en cierta derrota entrañable en sus ojos. Mientras él explicaba sus reiterativos puntos de vista, que me los exponía una y otra vez dándome la perfecta ocasión, más que para aprender de sus argumentos de siempre, más bien percibir su presencia, que sin saber por qué, lograba alegrarme y mover algunas vísceras de su lugar, en una conjugación orgánica parecida al escalofrío. Por esos días esa simple presencia me inquietaba a punto de extrañarle.

Por esos tiempos, como en la adolescencia, nos pasábamos papelitos en algunas reuniones laborales, compartiendo la desfachatez no aceptada por el auditorio, como quien sella una complicidad que no se sabe hasta dónde llegará. Sin saber por qué, como si fuera por un presentimiento al destino, lo defendía de ataques que iban y venían,  ciertos e inciertos, murmuraciones, descalificaciones, calificativos, llenos de algo parecido al odio; curiosamente ellos me hacían acercarme más a éste, intrigarme un poco más. A pesar de que cuando llegué a ese lugar, fue más bien descortez, luego, en la medida que sus relatos avanzaban en campos y territorios de un mapa que armaba solo al escucharlo, su búsqueda hablada se instaló entre los dos, como algo sin nombre.

Lo que lo hace el más sexy hombre que conozco, es lo que hace cuando vence la vanidad, y vuelve a no saberse tan sexy; es lo que me inspira a su lado tal vez sin reconocerlo, es a lo que como en un baustismo le pone nombre, lo que me hace reír a su lado; es un no sé qué, que me hace admirarlo, es cómo se transforma en algo parecido al último moicano del mundo cuando me busca, y definitivamente... esa mirada; mirada interesada con cierto encanto cortez, provocando un desborde de ansiedades que se calman, con mucha agua fría, o con escenas que quedan plasmadas en el lienzo de este presentimiento.

Un presentimiento

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: