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EL HOMBRE Y SU DESTINO

En apariencia este hombre carga sobre sus hombros el peso de todas las miserias habidas y por haber, vistiendo; si a esto se le puede llamar vestimenta, una buena cantidad de harapos curtidos de mugre y por supuesto de colores indefinidos. Sobre su cabeza algo que una vez fue un sombrero, de un color amorronado por el sucio, en sus pies unas feas alpargatas todas deshilachadas. Sin embargo hay algunas consideraciones que merecen ser expuestas; este hombre exhibe unas características que lo convierten en una individualidad en su gremio o más bien del grupo de indigentes que por su harapiento aspecto, una buena cantidad de “seres humanos compasivos” les pasan por un lado torciendo el gesto, cuando no con asco.

Este hombre tiene algo que lo distingue de sus “colegas”, compañeros de la misma tragedia que comparten casi las mismas vicisitudes con sus más y sus menos. Era singularmente agraciado de cara y dueño de un garbo grácil que agradaba a todos. Tenía una manera particular de mendingar, se quedaba mirando fijamente a los ojos de las personas, sin ser insolente tendiendo la mano pidiendo una moneda o algo de comer, siempre con una sonrisa, de estatura mediana y pelo muy liso “bañado” que llaman la gente de los pueblos de provincia.

Chiva así se llama

Chiva: que así lo llamaba la gente por su perenne barba de perita que le adornaba el rostro, realmente se llamaba Roseleano, en sus momentos de semi-lucidez, se mostraba sonriente y hasta amable, a lo lejos mostraba algo de su personalidad “encantadora” sobre todo con las damas, sus ojos le brillaban de manera inusitada cuando miraba a una muchacha de buen ver mostrando su admiración lanzándole piropos y besos con la punta de los dedos y una sonrisa de oreja a oreja. Ellas; las muchachas que le conocían le agradecían su homenaje sonriéndole simpáticamente.

Este hombre singular tenía una familia numerosa, hermanas, sobrinas y sobrinos. Ellos no le hacían mucho caso, tampoco él los tomaba muy en cuenta, por el contrario veces había en que mostraba una aptitud agresiva, especialmente con su hermana mayor, por la cual mostraba una especial animosidad. En lo particular, yo; lo traté muy poco, más bien a la distancia pero jamás le demostré ningún rechazo. Daba gusto ver bañarse a Chiva, en las cunetas de la calle cuando llovía, retozaba como un muchacho lleno de gozo, reía de manera abierta y si tenía público mirándolo parecía que tal cosa lo hacía disfrutar de lo lindo, al parecer le gustaba que lo admirasen en medio del velo que lo separaba de la cordura.

PIDIENDO

Durante años escuché muchas historias sobre la locura de Chiva, algunos decían que esa locura se produjo, más que de la decepción amorosa que la desencadenó, era tal vez causa de su pobreza de espíritu. Se especuló bastante que fue un mal, producto de una “brujería” que le echó una mujer por celos o porque se burló de ella, alguna vez estuve interesado verdaderamente en esa historia, por curiosidad o por los ribetes de dramatismo de que estaba rodeada la historia de este orate singular.

Entre otras cosas, había comentarios bastante documentados sobre la vida amorosa del protagonista de nuestra historia, comentarios que reflejan de manera fehaciente que nuestro amigo en su época de juventud era un verdadero matador, que gustaba y tenía buen ambiente entre el género femenino y, el hombre, por las cosas que hemos escuchado al parecer no era ni corto ni apocado con ellas, su éxito entre las mujeres nos hace pensar que estamos en la presencia (pasado), de un competente galán.

La revelación serenatera

Me cuentan que Chiva además era tremendo serenatero con buena voz, le encantaba regalarle al oído de sus damiselas hermosas canciones de amor, en justicia tengo que apoyar que sí tenía una bonita voz, más de una vez lo escuché cantar trozos de canciones y silbarlas conservando el tono y la melodía. Yo; pienso que este hombre se desperdició en esa carrera de galán de barrio o de templete, tiene una historia dramática, salpicada de anécdotas, medias verdades, chismes y, verdades innegables que no hacen más que enriquecer esta breve historia.

El fin de esta historia agrega más drama ha lo ya conocido de nuestro amigo. Es cierto el dicho que reza, que “uno no sabe para donde va hasta que no llega”. Aquí se cumple este axioma al caletre.

Hace aproximadamente 25 años a raíz de unas lluvias extremadamente torrenciales acá en nuestro país, hubo en algunas regiones del mismo unos copiosos aguaceros de tremendo rigor donde lamentablemente un gran número de familias se quedó sin hogar y, con esto se produjo un gran desorden social que propició el éxodo de mucha gente a otras regiones del país, sin orden ni concierto. Y, he aquí donde el destino le hace una mala jugada a nuestro apreciado protagonista; no se sabe como a este hombre alguien lo monta en un vehículo y lo traslada a más de 250 kilómetros de su lar nativo.

El final

Su familia arma una alharaca por la pérdida de Chiva, algo que duró un poco más de tres años. Luego todos lo echaron al olvido y no se habló más de ello. He aquí donde el destino me tiene una sorpresa preparada; estando yo de viaje a un estado algo alejado por un asunto de trabajo, voy caminando por una calle del centro de la ciudad de mi destino y, mi mayor sorpresa es encontrarme en un cine abandonado a nuestro amigo; el me ve y se echa a reír, yo; lo saludo y le pregunto- que haces aquí- solo risas – De regreso en mi ciudad le comunico a su familia la buena nueva y ni caso me hicieron. Luego de 10 años un amigo residente en esa ciudad, me dice que Chiva había fallecido, que su familia y el lo habían enterrado ahí. Fin de la historia.

MANCHA1

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