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Experimento social que iniciaron dos investigadores canadienses para comprobar si las personas son capaces de respetar a los robots y a su vez saber si los robots pueden confiar en los seres humanos, ha sido la trayectoria de Hitchbot. Creado el pasado año con restos de electrodomásticos desechados, tenía el tamaño de un niño de seis años y disponía de paneles solares para recargar sus baterías.  

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Programado para contestar cuando alguien le preguntaba podía responder al lugar donde se dirigía para que le dejaran lo más cerca posible. Gracias a una conección 3G le permitía colgar imágenes de sus viajes por carretera en Instagram y Twitter recorriendo en tres semanas más de 6.000 kilómetros desde la ciudad de Halifax hasta Victoris en la costa del Pacífico de Canadá.  

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No obstante, ocurrió que en una calle de Filadelfia y mientras Hitchbot se encontraba esperando un conductor generoso que le llevara por las carreteras de Estados Unidos, una cámara recogió la figura de un hombre con la camiseta del equipo de fútbol Philadelphia Eagles pateando al robot y tomando algunas piezas... Hitchbot aún tuvo tiempo de escribir en Twitter, "Vaya, mi cuerpo ha sido dañado pero sigo viviendo en todos mis amigos. ¡A veces a los robots buenos les pasan cosas malas!". Ahora Smith y Zeller, los dos creadores de Hitchbot el robot viajero se muestran optimistas y anuncian que volverá a renacer para seguir haciendo amigos en su camino. "Este proyecto lo que pregunta es si los robot pueden confiar en los seres humanos", comentan sus creadores.   

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