Cuentan que hace tiempo en la plaza de un pequeño pueblo había plantado un enorme sauce. Que era ya muy viejo y que precisamente por esto era también muy sabio. Había vivido muchas cosas a lo largo del tiempo y tenía una gran experiencia. Y lo que más le gustaba al sauce es que los niños del pueblo se sentasen a su alrededor para escuchar todas las historias que les podía contar...
Cuando terminaba, los niños se abrazaban a su enorme tronco y se despedían con un beso...Y en ese momento, las ramas del sauce se llenaban de pájaros buscando refugio durante la noche...
Y el sabio sauce era feliz así, porque sabía que al día siguiente los niños volverían a estar allí con él y le escucharían y cuando el sol se fuese a dormir y saliesen la luna y las estrellas, sus ramas se llenarían de aves.
Pasaban los días y los años y esos niños fueron creciendo y haciéndose adultos. Se casaron y tuvieron hijos y luego nietos...y todos sin excepción les llevaban a escuchar las interesantes historias del sabio sauce.
Pero un día llegaron al pueblo unos hombres que querían modernizar la plaza y poner una fuente luminosa, y para ello tenían que arrancar el sauce. Una vez arrancado pensaban llevarlo a un descampado para quemarlo.
Cuando los niños se enteraron fueron a contárselo a sus padres y abuelos y todos se juntaron alrededor del sauce formando un escudo para protegerlo.
Cuando llegaron los hombres para arrancar el árbol, se dieron cuenta que sería imposible hacerlo con todas esas personas abrazadas a él...Y se marcharon sin poner su moderna fuente.
Los niños estaban muy contentos de poder seguir yendo a escuchar las fascinantes aventuras que el sabio sauce les contaba cada día.
Y así pasaron unos cuantos años más...los niños crecían, tenían hijos y éstos crecían...pero nunca faltaban niños alrededor del árbol.
Pero pasó el tiempo y el viejo árbol enfermó y por mucho que los niños intentaron ayudarlo, no pudieron hacer nada y el árbol murió. Lo sacaron de la tierra y lo llevaron al bosque para enterrarlo.
Esa noche, todos en el pueblo estaban muy tristes, pero se juntaron alrededor del enorme hueco que había dejado el sauce y uno a uno fueron contando las historias que él les había relatado. Cuando se puso el sol, fueron lanzando un beso y se marcharon a sus casas a dormir.
A la mañana siguiente cuando pasaron por la plaza para ir al colegio, vieron que del sitio donde había estado el sauce tantos años, asomaba un pequeño tallo. Se corrió la voz y todo el pueblo se acercó a verlo.
Era un pequeño retoño creciendo...Se sentaron alrededor de él y le contaron que era hijo de un gran árbol...De un enorme sauce, grande y sabio. Y que cada noche irían a contarle quien había sido su padre y todas las historias que él les había contado...

Cuando he leído esta historia, me he acordado de mi padre. Una persona integra y siempre dispuesta a echar una mano a quien se lo pidera. Alguien que aunque apenas había podido ir a la escuela, fué un autodidacta hasta el último día y que era inteligente, listo y sabio.
Mi padre, la persona que más me ha influenciado en mi vida y en quien me apoyé cada día mientras lo tuve a mi lado. Una persona de las que sabías que estaba allí incluso sin estarlo y con quien podías contar siempre.
Mi padre, mi amigo, mi asesor, mi confidente y a veces, hasta mi confesor.
Mi padre, que cuando murió dejó un hueco inmenso que nadie jamás podrá rellenar, pero que al igual que el viejo sauce, dejó un retoño, mi hijo, que ha aprendido sus enseñanzas y su saber estar y que poco a poco se va haciendo un hombre honesto como lo fue su abuelo.

Un corazón en el tronco del árbol

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