Desde siempre al ser humano le ha llamado la atención los intensos colores e incluso las formas que adoptaba cada tipo de flor, tanto fue el asombro que se empezó a usar como medio de comunicación, sobretodo para expresar sentimientos en forma de arreglos florales.

Por ese mismo motivo, se inventó la floriografía, que basicamente es el lenguaje de las flores, y aunque fue traído a Europa por el rey Carlos II de Inglaterra, quien importó el arte de hablar mediante las flores desde oriente, no sería hasta el reinado de la reina Victoria, entre los años 1837 y 1901, que se empezaría a publicar libros sobre el tema.

De esta manera en la Floriografía, cada especie floral gozaba de una acepción propia. Ello generó un código secreto a través de ramilletes, ramos, pétalos y arreglos florales, harto explotado en el Romanticismo, cuando entregar una flor a una dama era algo más que una mera señal de aprecio.

Este arte permitía remitir mensajes reservados utilizando tan sólo motivos florales, de tal forma que estos manifestaban lo que las personas no osaban pronunciar. El secretismo y el atrevimiento eran una de las grandes bazas del lenguaje de las flores.

Por ello los floristas de la época ejercían como criptólogos, diseñando complejos diseños utilizando exclusivamente flores para expresar cada frase. Las palabras quedaron obsoletas para expresar sentimientos y para eso utilizaban este medio.

Aunque no sabemos con exactitud el código que se les hubiera dado a las flores durante la época victoriana, sabemos algunos de los significados de las más populares, como las rosas rojas, que implican apasionamiento, el girasol que puede querer decir altivez como respeto y las cuales fueron las favoritas de Santa Julia Billiart* por esta razón. La Gerbera es inocencia o pureza, el Iris, quien era la mensajera de los dioses griegos y aún representa un mensaje que se envía o la Viola Tricolor que expresa pensamientos, el Narciso recuerdos y un ramo de Hedera fidelidad, entre otras muchas.

Como la floriografía no se enseñaba en las clases, sino que se heredaban, por ello la divulgación de este conocimiento colaboraron multitud de libros de la época como "Le langage des fleurs" De Charlotte de la Tour, en 1818. Otro fue "Flower lore: The teachings of flowers, historical, legendary, poetical & symbolical" de la mano de Miss Carruthers de Iverness, en 1879. Por último y uno de los más recientes en 1995 "The languaje of flowers: A history" gracias a Beberly Seaton.

En la actualidad el lenguaje de las flores es un reducido escaparate que ha perdido sus mejores galas, a pesar de que aún hay reductos como la representaciones de las rosas, en su larga relación de colores, pero la mayoría han perdido el verdadero significado que tuvieron en el siglo XIX.

¡Hasta luego!

Historia del Lenguaje de las Flores

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