LA HISTORIA DEL CORAZÓN OSCURO

 

Carcamán, así lo llamaban por lo bajo los que alguna vez lo conocieron.

Frío, calculador y mezquino. Nada lo conmovía. Ese era el perfil de un hombre que rara vez sentía compasión o remordimiento.

Vivía en un Castillo que databa de aquellos tiempos en que ni siquiera existía la electricidad, situado en las afueras de una isla olvidada y desconocida. Millonario y único heredero de una fortuna inmensa, experimentaba una gran vida repleta de lujos y excentricidades, alguna vez supo ser el niño menor de dos hermanos.

Cada tarde de invierno, un chiquito mendigo tocaba a su puerta por un trozo de pan o un sorbo de sopa, su mayordomo Louis abría la enorme puerta de roble color purpura, guardaba un profundo silencio y luego se negaba a brindarle algún tipo de ayuda, aunque sólo se tratara de una sopa caliente.

Era una cruda noche, él se vistió de gala y salió por la enorme puerta de roble, dio unos pasos antes de llegar al auto, cuándo escuchó que alguien lo llamaba. Era un anciano, tiritaba de frío, frotándose una y otra vez sus manos contra el pantalón azul gastado que llevaba, le pidió ayuda. Él no quiso escucharlo, lo abandono apresurando el paso.

Mientras el auto se alejaba, Carlos sólo atinó a mirar hacia atrás, la imagen de ese hombre se fue haciendo más pequeña hasta que desapareció por completo.

Algo había producido en el, un sentimiento que nunca había experimentado, una sensación en el pecho de molestia. Estuvo un buen rato ausente, hasta que creyó entender el origen de esa angustia, ese mismo hombre le recordó a su padre. Éste había pasado un sinfín de necesidades y retos para salir adelante.

Desesperado, la noche siguiente salió en busca del anciano, pero jamás lo encontró. Cada vez que salía por esa puerta, lo buscaba incansablemente, pero no lo volvió a ver.

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