MI HIJO/A  NO ORDENA SUS PERTENENCIAS. ¿QUÉ HAGO?

Sin duda el orden, o mejor dicho, el desorden,  se trata de un problema habitual en cientos de hogares. A menudo llenamos espacios y habitaciones de juguetes y pertenencias de todas las formas, utilidades y tamaños que rara vez permanecen ordenados por mucho tiempo en sus respectivos lugares. Como en tantas ocasiones, el desorden se convierte en un mal hábito difícil de corregir si no hacemos un esfuerzo junto a nuestros hijos.

En este artículo daré algunas claves para facilitar el orden.

¿QUÉ HAGO PARA QUE MI HIJO SEA ORDENADO?

  •  Obviamente, se impone que los adultos como modelos que somos ante nuestros hijos, seamos el más importante referente de orden. Sería difícil explicarle a un niño que debe tener en condiciones su habitación u otros espacios de la casa, si luego nosotros acostumbramos a dejarlo todo por medio.

  • Dando por hecho el anterior punto, para exigir orden es necesario también ofrecer alternativas. Prepare un lugar, armario, estantería, etc. en el que su hijo sepa lo que debe colocar. Igualmente, haga lo mismo con su vestuario o material escolar. Es muy importante que no dé por hecho que de manera natural los niños ya saben lo que se espera de ellos. Hágale saber para qué sirven exactamente cada uno de los lugares destinados al orden. Si la estantería de los libros es la segunda, dígaselo, y permanezca con él mientras efectivamente coloca allí los libros y no otros objetos. Refuércelo verbalmente.

  • Adapte los sitios, lugares o medios destinados a sus hijos de forma que sean accesibles. Si debe bajar de altura el perchero para su ropa, hágalo. Ambos lo agradecerán. Si dispone de un armario con varios estantes, o cajas, o bolsas, explíquele para qué sirven cada una de ellas y qué espera que guarde en éstas.

  • Acostúmbrese a supervisar de forma sistemática el orden; no es efectivo ser muy exigentes un par de semanas y luego olvidarnos del tema. Es preciso que nuestros hijos sepan y perciban que nos interesa mucho que sean ordenados y que de alguna forma este interés lo mantenemos en el tiempo.

  • El hábito del orden se puede inculcar desde muy pequeño; en estos casos, nada mejor que ponernos con nuestro hijo a recoger sus pertenencias; de esta forma, además de enseñarles cómo han de hacerlo, utilizamos el juego como una herramienta útil de trabajo. Progresivamente, nos iremos retirando, dejando que sea él solo quien recoja y ordene.

  • Trabajar por secuencias. Los niños suelen desarrollar a lo largo del día un número determinado de acciones que se repiten con una alta frecuencia: almuerzan, descansan, estudian, hacen actividades extraescolares o juegan, recogen los juguetes, se duchan, cenan… Cada familia en su casa suele manejar los tiempos y orden de estas acciones en función de varios criterios, pero lo cierto, es que en un orden u otro, solemos repetir las mismas acciones día tras día. Si somos capaces de poner seguidamente después de la "acción de ordenar", una acción gratificante o placentera para el niño, aprovechamos el mismo desarrollo del día a día para facilitar el orden; por ejemplo, si salir a dar un paseo es una acción gratificante para nuestro hijo, la acción de ordenar puede ocupar el lugar inmediatamente anterior a pasear. De esta forma sólo podremos salir a pasear una vez hayamos ordenado. El trabajo por secuencias, o dicho de otra forma “el no pasar de una cosa a otra hasta que hayamos terminado la primera”, tiene una gran utilidad educativa.

  • En relación con el anterior punto, es importante que el niño sepa que cuando no ordena como se espera o porque no quiere, existe una consecuencia clara e inmediata que sucede. Por ejemplo, si no he recogido la video consola, el adulto retira la video consola por un número determinado de días. No dé el mensaje de que va a hacer algo, y luego no lo haga. Esto debilitaría su autoridad de forma considerable. Sólo en casos excepcionales cambie de parecer, pero como norma, su autoridad se basa entre otros motivos en ser consecuente, si su hijo no percibe en usted una actitud consecuente no espere ganarse fácilmente su respeto.

  • Como ya hemos adelantado, refuerce verbalmente a su hijo cuando se muestre ordenado hágaselo saber, hágale saber también lo feliz que esto le hace; cuando refuerce a su hijo centre el refuerzo sobre la conducta concreta, no sobre su hijo como persona, es decir, no le diga “Juan que bueno eres” (este tipo de mensajes acaban siendo contradictorios para los niños), pruebe a decirle: “Juan has recogido la habitación estupendamente y justamente eso me hace sentir alegría”. Basarse en el hecho concreto es mucho más eficaz a la vez que informativo.

 

Los consejos de este artículo se ofrecen con valor general y orientativo.  
Si cree que necesita ayuda o asistencia de un profesional,
no dude en solicitarla, ya que éste le asesorará en su caso concreto.

Ser un buen ejemplo de orden para sus hijos, es la mejor forma de exigirles también a ellos orden en sus pertenencias

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