MI HIJO NO COME. ¿QUÉ HAGO?

Tutor

La comida de nuestros hijos se convierte con frecuencia en un momento de tensión y desesperación para muchos padres y madres. Expresiones como: “…esto no me gusta”, “…no tengo hambre”, “…me duele el estómago”, etc., se repiten una y otra vez a la hora de sentarse a la mesa.

Bien. Voy a darle algunas indicaciones que por experiencia pueden ser muy interesantes para que mejore esta situación y para que sus hijos puedan hacer de la comida un momento más normalizado y de disfrute.

¿QUÉ HAGO PARA QUE MI HIJO/A COMA MEJOR?

  • Lo primero que debe tener claro es que si tiene este problema, lo más probable es que su hijo tenga un mal hábito a la hora de comer; por tanto debemos tener presente que hemos de “darle la vuelta” al hábito para convertirlo en saludable y bueno. El hábito se trabaja cada día, exige un esfuerzo por nuestra parte y debemos tener claro qué queremos conseguir.
  • Puede proponer a su hijo, sobre todo en estos momentos iniciales, y dependiendo de la edad, un sistema de refuerzos positivos. Por ejemplo, si comes tal cantidad, o pruebas este nuevo alimento o comida, o tardas un tiempo acordado, recibirás tal premio; por supuesto, nada excesivo ni mucho menos. Usted que conoce bien a su hijo, seguro que sabe qué incentivo razonable puede y es conveniente ofrecerle. En un sistema de refuerzo, sobre todo al principio, el incentivo debe ser inmediato, no vale decir “si pruebas todo lo que te pongamos durante quince días…”, ya que de esta manera perderemos toda la eficacia del sistema. Con el paso de las semanas podemos ir poco a poco espaciando los premios, para finalmente eliminar el sistema de refuerzo por incentivos. Como puede observar, se trata favorecer una transición de un mal hábito a un hábito saludable. Puede utilizar un gráfico fácil de seguir por su hijo en el que él pueda ver los progresos (este es un elemento motivador e informativo muy interesante).

  • Si utiliza el sistema de refuerzos, no utilice como premio o incentivo otro alimento; si lo hace, es fácil que su hijo llegue a la conclusión de que existen alimentos buenos (los premios) y malos (la comida diaria).

  • Si sabe o prevee que su hijo le dará problemas para tal comida, no le llene el plato en exceso. Es mucho mejor que pruebe los nuevos alimentos y que integre nuevos sabores y texturas poco a poco, que rechace frontalmente un plato sobrecargado.

  • Controle la cantidad de líquido que toma mientras come. Muchos niños beben en exceso perdiendo rápidamente el apetito.

  • Hay algo que “alimenta” a los niños más que la comida: llamar la atención. Seguro que usted conoce una larga lista de expresiones, excusas, pretextos, llantos, etc… que se repiten día tras días en sus comidas. Cuanto menos interés muestre a las llamadas de atención, mucho mejor. Aunque no es su intención, cuanto más pendiente esté de estas llamadas de atención, más las está reforzando; si entra en este juego, seguramente su hijo saldrá “ganando” y usted no conseguirá el objetivo de que su hijo coma mejor. Por supuesto, diferencie una “llamada de atención” verdadera de una falsa; su experiencia diaria y conocimiento de su hijo le ayudarán a ello.

  • Debe cuidar que su hijo no coma entre horas; tanto él como usted deben tener claro que la comida, como tantas otras cosas, tiene sus momentos concretos a lo largo del día.

  • Haga que su hijo participe en la preparación de alguna de las comidas; esto le puede dar una cercanía a los alimentos que le facilitará su posterior comida.

  • No olvide que usted es un modelo para su hijo; si usted no come bien o hace comentarios poco apropiados respecto a la comida, su hijo los repetirá con total normalidad.

  • Sea constante. Tendrá que insistir a su hijo para que coma o pruebe un plato, pero hágalo sin alterarse, con firmeza. Si usted se altera está logrando regalar a su hijo una buena “dosis de atención”, con lo cual refuerza justamente lo que no queremos.

  • Permítale a su hijo ser autónomo. Muchas veces, en la desesperación de que coma tenemos la tendencia a facilitarle todo: le pincho la comida con el tenedor, se la doy yo mismo, le pelo la fruta aunque él sepa, etc… No haga nada que él ya sepa hacer. Nuevamente, si usted hace esto, le vuelve a “regalar atención”.

  • Intente evitar darle a elegir tal o cual comida. No olvide que usted es el adulto y debe marcar el ritmo del menú y las comidas que lo componen. Si se acostumbra a dar de elegir, lo más probable es que su hijo se vuelva más caprichoso y muestre dificultades en la mesa.

  • Por supuesto, si tiene dificultades o cree que pudiera tenerlas por la alimentación de su hijo, visite a su pediatra; nos puede enseñar mucho sobre la dieta apropiada para su hijo y cómo afrontar determinados aspectos alimentarios. En determinados casos puede que le hagan pruebas analíticas para saber si los valores elementales tienen el promedio adecuado.

 

          Los consejos de este artículo se ofrecen con valor general y orientativo.
 Si cree que necesita ayuda o asistencia de un profesional, no dude en solicitarla,
ya que éste le asesorará en su caso concreto

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