Viendo un garabato dibujado por él sentí envidia como cuando en la desdicha vez a una pareja besándose o tu enemigo triunfando. Y lo peor es que veo una foto en la que aparece en un ambiente campestre con una cantidad de niños y se veía muy feliz haciendo lo que hacía; es que acaso no tiene nada malo este personaje?

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Era un día soleado pero aún así no me quitaba mi saco pues si lo hacía dejaba ver que la camiseta que llevaba puesta me quedaba grande, cosa que odiaba pero que ese día no tenía más remedio que usarla. Lo buscaba con la mirada y otra vez había demasiada gente. Pensé que ya no lo vería ese día y me resigné mentalmente pero no de corazón. Me encontré con otro personaje al que llamo “El manipulador de la materia”. Estaba de buen humor pero creo que sabía mucho de mí, cosa que me aterraba en mi interior. Tenía que entregar el libro “Eclipse” a una amiga que me lo había prestado. Ella estaba enamorada del manipulador pero solo yo sabía que él nunca le iba a corresponder, y entonces él me susurró al oído: - Ahí está -. Me sorprendió que me dijera eso pero lo olvidé al darme cuenta de lo que pasaba. Apareció de la nada entre la multitud agitada.

“¡Hey! ¡MÍRAME!”, grité en mi mente pero seguía hablando con “Bebeles” y para colmo llegó “El Otro”. Me senté en las mismas gradas que él haciéndome el casual, que no lo había visto pues nos separaba un ramillete de plantas. Tenía esa chaqueta negra que tenía en la foto y que le hacía resaltar su piel europea. Me había decidido no idealizarlo porque de otra manera temblaría cada vez que le viera, aunque con esa técnica sólo logré que sintiera que el corazón se me iba a salir del cuerpo cuando me tocaba el hombro o llamaba mi atención con un golpe amistoso. Sentía que sus ojos miraban mi espalda, ¡Qué bobo yo! Porqué no fui a saludarlo?

Cuando por fin tomé esta decisión ya él estaba entrando en el edificio donde tenía que luchar contra su orgullo, si es que lo tenía. El manipulador sabía muy bien lo que hacía, lo sabía desde el principio del caos. Él estaba en la misma clase de las 9 A.M. con el de la chaqueta negra, Francisco, el de Garzón City como me dijo la primera vez que hablamos por un lapso de tiempo significante. El manipulador lo cogió de esa chaqueta, incluso se la rasgó de la rabia que tenía. Estaban corriendo en dirección mía uno arrastrando al otro. Ya sabía que iba a suceder aunque mis neuronas no hicieran las sinapsis necesarias para que mi cuerpo saliera corriendo de allí. Mientras venían, detallé la mirada del de corazón puro como si también supiera lo que iba a suceder y que rogaba que no sucediera. Tenía compasión en sus ojos.

Al principio de todo, pensé que podríamos ser el uno para el otro, teníamos demasiadas cosas en común, pero en ese instante éramos como el hielo y el fuego tan distintos y con propósitos tan separados que dudaba de que tuviéramos algo en común: el calor, la ausencia o suficiencia de este.

El manipulador se detuvo ante mí, me miró a la cara y después miró a Francisco, y le susurró al oído: Él está enamorado de usted.

 

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