Cuando era niño, mi Padre que en paz descanse, me regaló un libro. Al principio lo hojeé un rato, pero, niño al fin, mis períodos de atención eran bastante limitados y al poco tiempo no le hice ni caso. Dias más tarde, mi Padre muy serio me preguntó:

- ¿Que? ¿Ya te has leído el libro?

- Bueno ya lo empecé - dije

- ¿Y cuanto has leído?

- Un par de capítulos - mentí

Yo esperaba que mi Padre me dijera algo como "sigue así y leelo completo" o me dijera los beneficios increibles que la lectura traería a mi vida. En lugar de ello me dijo:

- Bueno, dime un resumen de lo que has leido.

Le dije un grupo de palabras inconexas y que denotaban a todas luces que no había leído nada de aquel libro. El me miró con lo que yo llamaba "La expresión de mi Padre". Sentías los ojos clavados en alguna parte de tu cuerpo. Solo me dijo que leyera el libro y que no le mintiera más. Por la vergúenza que pasé, aquel libro debe ser uno de los que mejor recuerdo de todos los que he leido.

Gracias a este episodio y a mi Padre, aprendí que no hay un placer más grande que leer. Siempre que puedo trato de hacerlo por el simple placer de aprender algo que no sabía, recordar cosas que había olvidado, informarme de lo que pasa en el mundo que nos rodea. En fin el hábito de la lectura es quizás una de las mejores herencias que recibí de mi Padre. Y con la cantidad de horas de esparcimiento, viajes mentales y cosas aprendidas, creo que es mucho más que cualquier bien material que pudiese haber recibido de él. Ojalá todo el mundo pudiera dejar a sus hijos como legado, el placer de leer. No sabemos lo grande que puede ser este regalo.   

P.D. Aquel libro se llamaba "La Isla Misteriosa" de Julio Verne

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