tú mi vida

Lo que tú me has mostrado.

Me has mostrado tanto que no se ni por donde coger el comienzo, pero sí que tengo claro que no quiero que haya un final. Sabes que soy una persona de palabra difícil de pronunciar y aún más si lo que sale por mi boca es toda una declaración romántica de intenciones. Pero, no me preguntes porqué, me apetece deleitarte con unas palabras que pocas veces vas a poder oír o leer. Aunque ello no implica que no sea reales, pues lo real simplemente se vive y no se dice.

Me considero una persona con desparpajo, que todo lo dice y nada se calla y que se hacía la dura cuando, realmente se moría por sentir, por sentirlo todo. Es por ello que ahora me miro al espejo y no me reconozco, pero no me reconozco porque tú me has cambiado y para bien, por supuesto. Has creado una risa diferente en mis labios y en mi vida. Has creado una meta de superación en mí que había perdido hace ya bastante tiempo a lo largo de mi camino, Pero tú la has devuelto, como el soplo de aire fresco a primera hora de la mañana que nos despeja de cualquier sueño atroz, para instalarla en mí de forma permanente. Has conseguido que quiera, en todos los aspectos del verbo querer, un poco más. Que quiera la vida, que quiera luchar, que quiera sentir, que quiera vivir. Y no es que antes no quisiera, es que antes no podía. Y no podía porque mi pobre corazón había sido pisoteado tantas veces que el hecho de volverse a levantar le era más improbable que mantener una conversación con un extraterrestre. Pero tú, mi rey, mi vida, mi todo has venido para darle la vuelta a la tortilla y para demostrarme que después de la tormenta siempre llega la calma y, esa calma, eres tú. 

Haces que todo lo que me hacía sentir que andaba cuesta arriba, que era imposible y que iba acompañado de piedras gigantes que caían sobre mí se convierta en un simple caminar que, aunque cueste, tendrá la recompensa que siempre he anhelado. La capacidad de la vergüenza no tuvo la osadía de golpear la puesta de tu vida, pues sabía que era tiempo perdido y que tu forma de vivir es bailando. Bailando en secreto y a escondidas para que nadie te vea y, obviamente no es por vergüenza, sino porque sabes que es el motor que te da la vida y no quieres que nadie cree una copia exacta a ti, Aunque tampoco podrían, pues no saben que un alma que es puro hasta morir es incapaz de ser copiado porque no hay molde que se ajuste a él. Ese baile que me eleva hasta el mundo  que tú y yo poco a poco hemos, haremos y estamos creando, donde no importa el exterior. Donde solo importamos tú y yo. 

No hablemos de tu forma de describir, me vuelve completamente loca. Pues, aunque la mayoría de las veces sean actos involuntarios, sé que no habrá nada más puro que esas palabras que salen de lo más profundo de tu corazón y de tu ser. Por eso, me vuelven loca, rematadamente loca por ti.  Aunque tampoco podríamos hablar de la capacidad exquisita de convertir un momento serio, tenso y desgarrador en algo divertido, pues tu toque mágico de humor no lo tiene cualquiera, solo lo tienes tú. Y solo te quiero a ti porque nunca me he resguardado en unos brazos tan cálidos y cargados de amor como en los tuyos. 

Es por todo ello, y mucho más que me queda por descubrir, que me miro en el espejo y no me reconozco. Pero no me reconozco porque has conseguido espantar a todos mis miedos y demonios para dejar paso a lo que le había bloqueado la puerta de mi vida con mil cerrojos y mil pestillos, pues no quería que el dolor volviera a invadir el más mínimo recoveco de mi ser. Pero ahora, ahora todo eso me da igual. Quiero vivir contigo, soñar contigo, reír contigo, llorar contigo, besarte a ti y quererte, cada día un poquito más a ti y solo a ti. Además. ya lo dijo Gabriel García Márquez: Te quiero no por quien eres, sino porque quien soy cuando estoy contigo.

 

me haces sentir

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