Debido al terremoto de Haití, he querido escribir sobre el lenguaje que no leemos en este desastre en uno de los paises mas pobres del mundo. No leemos que la gente pobre necesita ayuda. Que si buscamos mejorar cada día no es para la satisfacción de nuestros egoismos sino también para satisfacer las necesidades del otro que nos necesita. Dios se manifiesta con severidad para que rectifiquemos el rumbo, para que antes de satisfacer otra vanidad hagamos primero algo por los más necesitados y así hacemos lo mejor para nosotros mismos.

Nada contrasta más hoy que las imágenes de la tragedia frente a los lujos que llevamos o que nos angustiamos por conseguir. Y nada contrasta más que la muerte de Cristo en la Cruz frente al descaro de vida que llevamos.

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