mi escritorio

El hada agradeció la reunión y escucho con vaga atención las palabras de animo de las sombras recién llegadas sin apenas levantar la cabeza, su tristeza hacia que su mente recibiera todo el peso del remordimiento por haber sacrificado a su más fiel colaborador, en su mente solo se repetía el malestar de haber aceptado el trato, aunque con ello pudiera regalar todas las sombras del los días, siempre faltaría la que lo dio todos por ello. Entre todas las sombras había una que era difusa, no concreta, pequeña y voz débil, dulce y infantil, que como era tan pequeña y al acercarse, la podía ver al completo sin tener que levantar la cabeza. La pequeña y difusa sombra le comento.

Hada, se como hacer para que recuperes tu fiel sombra sin que las demás sombras desaparezcan.

¿Como?. Pregunto el hada sin átomo de animo.

Ir al dragón y cuando duerma cambiarla por mi.

Cariño, no puedo hacer eso, pues la pena que tengo solo seria cambiarla por ti y de esa forma sufriríamos los dos, tu por no tener sombra y yo por el egoísmo de aceptar.

No, no, no me entiendes hada, tu tendrías tu sombra y yo no sufriría, no se sufrir.

¿Como así, pequeña y deliciosa criatura?.

El hada por primera vez desde los acontecimientos pudo esbozar una mueca que parecía una sonrisa aunque triste.

Yo soy la sombra del no nacido y como no he nacido, aun no se sufrir.

Pero cariño..... Era tal el cariño que desprendía la débil sombra que el hada la rodeo con brazos amorosos mientras le decía.

Pero cuando tu nazca vivirás la pena que yo tengo por no tener sombra.

A ver hada. ¿Tu no regalaste la sombras de todos los seres?.

Si, por eso ahora no tengo derecho quedarte a ti sin ella, tu serias un niño triste y sin sombra.

No hada, no es así, tu no me das ya que no existo, pues yo no he nacido y no tengo sombra, y cuando llegue el momento de nacer, mi sombra en penumbra sera completa y aparecerá en ami, el dragón no podrá hacer nada ya que solo soy un espejismo.

El hada quedo perpleja y por un distante no supo que decir........ Poco a poco se lleva ambas manos a la cabeza, mientras que su cuerpo recobra flexibilidad. Su mirada perdida se dirige al rededor como buscando el punto de concentración suspendida por la melancolía milenaria. Poco a poco casi balbuceando empieza a decir.

Dios mio, una vez mas la inocencia es más sabia que la sabiduría.

Las sombras reunidas al comprender que había pasado el tiempo de la melancolía, empezaron a bailar y a dar saltos de gozos.

El viaje a los confines del dragón se realizo casi al instante, pues no tendrían que pasar las penurias de antaño, ahora era poseedora de la poderosa magia de la Piedra de Cristal, que permitió al hada, junto con la sombra del no nacido, ir y regresar al lago, con solo el instante del pensar.

Se cuenta que un día en un lugar muy lejano de la fantasía, nació un niño, y que nada más nacer, a su sombra sonreía.

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