Carta a un político de la Hacienda pública

Mi muy poco estimado sr alí babá y sus 40 (o más) ladrones,

Hoy, tras una intensa jornada laboral por la que doy gracias a Dios, me he encontrado con un borrador de la renta de lo más interesante. Resulta que tengo que pagarle al estado que lleva años robándonos a mí y a mis conciudadanos, una suma que supera la mitad de la que recibí este año por haber tenido la mala suerte de estar al paro.

Imagine mi sorpresa al comprobar este dato. Pero como persona curiosa y poco dada a dejarme robar voluntariamente que soy, acudí antes a comprobar las leyes de este gran país nuestro. Debo pararme aquí a señalar que es precisamente este país el que parece adormecido o drogado, por la impasibilidad que demuestra ante el SAQUEO constante de nuestros estimados y siempre tan trajeados políticos.

Mi sorpresa aumentó cuando me vi traicionada por mi sentido común. Había ganado una suma igual o ligeramente inferior a la que ganaba otros años que ni siquiera había estado obligada a declarar por lo modesto de la suma. Sin embargo, esas leyes que supuestamente nos protegen pero que últimamente me parecen sospechosamente inclinadas hacia la injusticia y el beneficio de los más favorecidos (no voy a citar ejemplos porque a estas alturas todos sabemos hacia qué destacados edificios de nuestra geografía dirigir nuestras indignadas miradas), estiman que habiendo acabado el contrato con mi anterior empresa, y al haber sido tan afortunada al encontrar otro empleo en el mismo año, el número de pagadores debe reducir la suma por la que normalmente se te obliga a declarar a 10.800€. Euro arriba euro abajo, que ya se sabe que para alguien que conduce coches que valen tres veces más que eso, esa cantidad equivale a lo que para mí un café.

Viendo sólo de vez en cuando el telediario, para que el conocimiento que suele darnos poder en circunstancias normales no me convierta ante el actual contexto social en una persona agresiva que coja un tren y se dirija a Madrid a repartir tortas a diestro y siniestro, me estaba preguntando, mi simpático sr ministro de HACIENDA, si no querrían usted o alguno de sus entrañables compañeros tan preocupados por el ahorro y abanderados de la austeridad del pueblo (del que ustedes no deben formar parte viendo sus comportamientos, tren de vida, trajes, coches, etc. etc.) pagar por mí esa cantidad de 3 cifras tan sólo, que si bien para mí representa más de la mitad del sueldo de un mes, para ustedes es una triste limosna.

Sin más, y esperando su rápida y generosa respuesta se despide,

Una ciudadana de las que pagan su sueldo

Comportamiento político habitual

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