No es novedad que en un autobús, surgan distintos comentarios y más aún si se tratan de los que tienen que ver con política en cualquier parte del mundo. Todos quieren demostrar conocer la verdad, algunos tienen la noción de saber cuál es el mejor Presidente que pueda existir pero, ¿será que esa es la verdad o es una realidad?

Nuestros temas de conversación pueden agradar o no a tu acompañante

No digamos que es la época, ya que nunca en la historia ha existido un acuerdo total entre los integrantes de un país, empresa, lugar e incluso entre las mismas familias. Cada ser humano es distinto y por eso se han creado normativas jurídicas, morales, religiosas y sociales, para establecer un ambiente de armonía en lo posible, a pesar de nuestras diferencias. Lo único que nos corresponde humanamente, es no pasar esos límites normativos.

Una línea de peligro

El simple hecho de acercarnos a un desconocido en un autobús prende las alarmas de incendio que nos alertan peligro. Todos sabemos que los temas de religión y de política deberían ser innombrables entre desconocidos. Es muy fácil hacerlo con quienes están de acuerdo con el mismo PRESIDENTE que tú apoyas, pero cuando lo haces en un autobús, no sabes quién te está escuchando ni a quién te diriges.

Les doy la certeza de que mostrar su forma de ver la realidad en un autobús, es muchísimo peor que hacerlo alrededor de un montón de desconocidos en una fiesta. En esta última, al menos hay música y comida que te podrá llenar la boca para evitar saber cuál es la verdad entre la conversación que tengas. Lo importante de la fiesta es pasarla bien, pase lo que pase. En un autobús lo importante es llegar a un determinado lugar y eso no entretiene a nadie, al contrario, eso estresa, y cuando alguien menciona un tema innombrable, puedes molestarte, interesarte o ignorar a la persona. En definitiva, es un verdadero riesgo el que se toma.

Verdad vs Realidad

Mis profesores de la carrera de Derecho, nos enseñaron que a nivel jurídico existen dos tipos de verdades: la verdad real o la verdad verdadera. Algunos profesores las llaman de distintas formas. Pero todos coinciden en que la real es la realidad de los hechos: lo que decimos, nuestra percepción alterada por la subjetividad y que no se sabe si es la correcta. La verdad: nos decían los profesores, que es aquella que nadie conoce, solo Dios.

Conversación en autobús

Hace pocos días un hombre muy terco se empeñaba en refutar que nada malo estaba pasando en el país y que era posible lograr hacer lo que uno desee. Pienso que no estaba mal lo que decía, pero no estaba bien el lugar donde lo expresaba ni junto a quienes lo manifestaba: un autobús lleno de personas cansadas de la terrible situación venezolana. En mi caso yo no paraba de reír porque una señora escandalosa también decía cosas muy ciertas, se ha censurado de forma total toda clase de libertad. Esa es la realidad, ambos estaban en lo cierto. Yo no paraba de reír porque ambos se estaban expresando muy mal y todos en el autobús apoyaron a la mujer escandalosa, pero el hombre imprudente no tenía el apoyo de nadie.

No quise entrar en esa conversación que no llevaba a nada. No pretendía victimizarme y decir que no tengo nada, porque ciertamente el imprudente habló de algo real: hay que trabajar para obtener el fruto. Y mucho menos iba a apoyar a una mujer que estaba escandalizando desenfrenadamente. Todo parecía una comedia hasta que el hombre decidió decirle a la mujer que es una estúpida. Todos hicieron silencio y yo me levanté para dirigirme al señor, diciendo que tiene toda la libertad de expresar su opinión, pero que aunque la mujer esté escandalizando, él ni nadie tiene derecho de llamarla estúpida ni dirigirse con ofensas hacia nadie.

Concluí mi breve intervención diciendo que ciertamente ambos están en la realidad, pero que después de tanto discutir ninguno fue capaz de hablar de la verdad. La realidad es que en Venezuela tiene un Presidente que no ha sabido administrar un país y que a pesar de ello, no ha querido irse y no le importa ver a tantos venezolanos morir por defender la nación. Pero la verdad es que Cristo murió en la cruz para salvarnos de todo mal, eso incluye lo que estamos viviendo. Yo lo creo, pero no sirve de nada discutir en un país sobre ¿quién es el mejor Presidente? porque la confianza la tienen en un ser humano y no en Jesús, no confían en lo que Cristo pueda hacer. La confianza trae paz, no discordia. Esa es la única verdad. Los verdaderos valientes, como en Guatemala, siguen la verdad.

El ejemplo de un país del mundo

En Almolonga, Guatemala pasaba lo que hoy estamos viviendo en Venezuela. Todos estaban concentrados en cosas sin interés y que no los llevaban a nada, era caótico y de la desesperación la gente se volvió idólatra, alcohólica, entre otras aficciones que dañaron y llenó de maldición todo el lugar. No esa película de terror ni de suspenso. Todo eso ocurrió hasta que radicalmente tomaron la decisión que los llevó a ser lo que son hoy en día:los ciudadanos decidieron buscar a Dios y dejar todo lo que los separaba de Él, reportándose que el 90% de los 18 mil habitantes rindieran sus vidas a Cristo. Esto fue lo que dio un giro total. Todas las cárceles fueron cerradas, la última fue cerrada en 1988 a la cual nombraron SALON DE HONORES, donde se celebran bodas, se hacen recepciones y eventos a la comunidad.

El mejor Presidente no es aquel que posee los mejor dones ni talentos, nada de eso importa si el pueblo no está bajo los pies de Cristo. Un pueblo que permanece orando y que maneja el lenguaje de Cristo, es aquel que podrá ver las victorias. Es aquel que sabe que Dios lo puede todo. ¡TODO! Y no, no es fácil. ¡Nada fácil! La luchas son necesarias en algunas ocasiones, pero discusiones sin propósito como las que hubo en ese autobús muestran la dependiencia que hay entre el pueblo y los lideres políticos.

¡No más! Cuando confiamos plenamente en Jesucristo, es cuando dejamos a un lado cualquier decisión que por impulso cada uno piensa hacer. Cada uno de nosotros, puede sentarse a reflexionar sobre esto y dejarlo hasta aquí o ir a un sitio tranquilo y decir las siguientes palabras:

Amado Dios, vengo a Ti porque siento necesidad de tenerte de mí lado a cada instante. Cada batalla que pelees por mí, podré ganarla. Perdona si he puesto mi confianza en las personas y cosas incorrectas. Entiendo que Jesucristo murió en la cruz para ser el único puente que me hará llegar a Tí. Y sé que tu Espíritu Santo puede guiar mis pasos y me mantendrá seguro.

Gracias porque Tu sacrificio en la cruz, me ha dado protección y nada me va a pasar a mí ni a los míos. Pongo mi confianza plena en Tí. Y hazme saber lo que necesitas que yo haga para cumplir mí propósito y llegar a ser quien quieres que sea,

en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Amén.

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