Hablar por hablar

HABLAR POR HABLAR O LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Hay, quien lo llama libertad de expresión. Como libertad de expresión se conoce el derecho de hablar abiertamente de cualquier tema expresando su opinión al respecto. No obstante, muchas son las personas que confunden la libertad de expresión con hablar por hablar.

Hablar por hablar

LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN nos atribuye el derecho de expresarnos libremente sin cualquier tabú. Podemos dar nuestra opinión a los diferentes temas, tal como creemos que vemos las cosas. Sin embargo, la libertad de expresión, aunque es un derecho, también tiene sus límites. ¿Una libertad con límites? Pues sí, porque no existe el punto de vista objetivo que sea absolutamente objetivo. A modo de ejemplo, aunque hablemos del mismo tema, tú punto de vista es el tuyo y el mío es el mío. Nunca habrá dos puntos de vistas o dos opiniones exactamente iguales, porque cada persona vive el momento o la situación a su manera, de un modo diferente.

Además, para poder opinar sobre un tema concreto, es necesario disponer de un conocimiento previo y de una serie de datos. Sin éstos, es imposible dar una opinión acertada y llegamos al punto de hablar por hablar. Puedo estar no de acuerdo porque alguien, en un momento específico, diga o haga algo que yo no hubiese hecho. Pero, el hecho de que la otra persona sí lo haga o diga, no me da el derecho de entrometerme, insultar o criticarla. El hacerlo, es muestra de ignorancia y lleva a faltarle el respeto a la otra persona.

Hablar por hablar

HABLAR POR HABLAR

HABLAR POR HABLAR se da cuando una persona habla sin conocimiento de causa o de las circunstancias, ni investiga los hechos previamente las razones de por qué la otra persona dijo lo que dijo o hizo lo que hizo. Siempre hay que preguntar primero qué le llevó a la otra persona a decir o hacer aquello, si no comprendemos porqué habló o actuó. Pero, sin inmiscuirnos.

Cada persona que actúa en un momento dado, lo hace por alguna razón. Aunque dicha razón esté fundada, o no, pero no tenemos el derecho de meternos en sus asuntos, porque haciéndolo, estamos haciendo el ridículo. Pues sí, si hablamos por hablar, hacemos el ridículo.

Por tanto, el que habla por hablar, se pasa de listo, falta el respeto a los demás, insulta y critica a la otra persona intentando así de dejarla en ridículo. Lo gracioso es que el ridículo lo está haciendo la persona que habla y no se da cuenta.

Conclusión: para poder atribuirse el derecho de la LIBERTAD DE EXPRESIÓN, hay que hablar con conocimiento de causa. Y eso se consigue si averiguamos primero todos los aspectos del asunto sobre el cual deseamos opinar. Hay que contar con una serie de datos para poder obtener primero una opinión objetiva del tema a tratar. Finalmente, si ya poseemos el conocimiento de las circunstancias, podemos hablar y opinar, pero jamás podemos permitirnos juzgar a la otra persona, aunque no estemos de acuerdo con su actitud. Ten en cuenta que las personas tenemos nuestras razones de actuar de una forma concreta. Antes de actuar, hubieron una serie de cosas que nos llevaron a actuar de la forma como lo hacemos.

Hablar por hablar es símbolo de ignorancia. Criticar a otras personas es el símbolo de la intolerancia. Lleva a malos entendidos y, aunque esto parezca increíble o sacado de muy lejos, muchas riñas y guerras se han desatado por la actitud de algunas personas que hablaron sin saber o sin conocer las razones que llevaron a otra persona a actuar de un modo u otro. Aún hay personas, al parecer, desconocen el daño que se puede hacer hablando por hablar.

Por tanto, si desconocemos los detalles, es mejor callar y guardarse su opinión personal para evitar daños y perjuicios. Jamás debemos confundir la LIBERTAD DE EXPRESIÓN con HABLAR POR HABLAR.

Hablar por hablar

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