La Palabra de Dios nos dice que Jesús “a lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron… les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:11-12). Ana, una mujer muy anciana, formaba parte del pequeño número de aquellos que esperaban al Señor, aquellos a quienes Dios revela sus secretos por medio de su Palabra. Ella había comprendido que la venida del Mesías estaba cerca. Como profetisa servía en el templo con ayunos y oraciones, noche y día, y con la convicción que da la Escritura hablaba de Cristo a todos los que esperaban la redención. ¡Qué alegría cuando vivió el día en que la buena nueva fue anunciada: “Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor”! (Lucas 2:11).

A los cristianos de hoy se les pide una actitud similar. Jesús nos dice: “Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo” (Juan 14:3). Dicho de otro modo, el Señor Jesús vendrá a buscar a todos los que creyeron en él, para estar con él eternamente. ¿No es el más hermoso mensaje que podamos recordarnos como cristianos, para que esperemos efectivamente su retorno?

¡También es la feliz invitación dirigida a todos los que sufren, que gimen y que todavía no tienen esperanza! Con fuerza y certidumbre, pero también con la insistencia del amor, les decimos: el Señor va a venir pronto. ¡Acepte hoy mismo su gracia mientras aún es tiempo!

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