Había un amor de ordenador

Había un amor de ordenador

Se supone que era moreno, ojos saltones marrones, su pelo estaba rapado debido a una calva en su cocorota, media 1´75, no era muy alto y su complexión era delgada.

No lo había visto, pero se lo había dicho, había quedado marcado en su pantalla de ordenador a través de unas letras de color azul.

Cristina se conectaba a eso de las 5, en ese momento, en la esquina de su ordenador aparecía una pequeña pantalla que salían varias letras escritas: Hola, ¿Qué tal el día?

Todos los días ocurría lo mismo, a la misma hora, y la conversación acababa después de varias despedidas, igual que le ocurría a los dos chicos que se despedían en la esquina de su casa. Volverían hablarse al día siguiente a través de aquella fría pantalla, que se convertía en calida después de varias conversaciones, se transmitían cariño, a la vez que el resultado se remitía en risas largas, sonriendo de tal forma que se le deformaba la cara.

Los dos habían dejado la realidad a un lado, el tamaño de su amor quedaba reducido a una pantalla, no habían tenido novio ninguno de los dos y eso les hacía compartir muchas similitudes. Había sido un juego de azar, los dos entraron a probar, y acabaron en el mismo barco, se habían convertido en infieles a la calle, y pasaban horas sentados hablando uno frente al otro, tomando un café, leyendo un periódico, escuchando canciones, cada uno muy lejos del otro.

Los dos se ilusionaron, y acabaron sufriendo, la distancia se había acordado de ellos quien lo compartió con el cajón del olvido.

El amor se despidió entre suspiros.

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