Islamismo

LA GUERRA SANTA

La Guerra Santa: El paso de la HISTORIA nos muestra que son muchas las Guerras Santas, Guerras en nombre de dios, que se han desatado entre comunidades, pueblos enteros, civilizaciones y las distintas razas humanas. Todas ellas tenían un denominador común: la guerra se desataba en el nombre de dios y sus ministros o siervos religiosos bendecían a los soldados para que ganaran dicha guerra y regresaran sanos y salvos a casa.

Las Cruzadas del Cristianismo o la Yihad del Islamismo son vivos ejemplos de las guerras religiosas. Son los mismos hombres que, por su avaricia y deseos de poder, deciden luchar en guerras aplicando armas mortales y la fuerza corporal en lugar de aplicar la sabiduría que caracteriza a Dios.

Parece como si nada hubiésemos aprendido del pasado. La Yihad, término presente en el Corán en más de cuarenta citas, incita a los componentes del Islamismo a luchar en el nombre de Alah en su afán de expandir sus creencias, su religión y convertir así al mundo entero al islamismo por la fuerza sin opción a elegir o al libre albedrío para que cada persona decida por sí mismo qué es lo que realmente quiere. La Guerra, en lugar de Santa, más bien es una imposición de intereses.

¿Las guerras realmente son santas? ¿Es realmente lo que Dios quiere?

Vamos a detenernos por un momento en este punto y analizar estas dos preguntas.

¿Qué significa realmente la Guerra?

Muy sencillo, la guerra es una matanza por todo lo alto, un acto en el que fallecen centenares y miles de personas de forma drástica y brutal. Deja atrás viudas, niños huérfanos, pueblos completamente destruidos, heridos de guerra, inválidos si consiguen salvar su vida regresando en el mejor de los casos sin una pierna o un brazo. Queda la destrucción, el hambre, la miseria, la tristeza, las pesadillas.

¿Es eso lo que Dios quería?

Las SAGRADAS ESCRITURAS, libro de referencia para obtener respuestas, nos ayudan a responder esta pregunta. Dios es la máxima autoridad en el cristianismo y destaca por la CREACIÓN: Génesis 1:1 En el principio Dios creó el cielo y la Tierra (o todo cuanto hay en ella).

La creación es dar comienzo, producir, dar vida, así como Dios creó la Tierra y todo lo que hay en ella. No mató, ni aniquiló, ni exterminó como suele ser el caso de las guerras. Es decir, aquí ya vemos todo lo contrario de lo que dice el hombre (llamando la guerra santa por ejecutarse en el nombre de dios) y de lo que realmente hizo Dios. Mientras Él dio comienzo, el hombre le pone fin.

Otro detalle es el siguiente como podemos leer en 1 Juan 4:8 “El que no ama, no ha llegado a conocer a Dios porque Dios es Amor”. ¿Es esta definición compatible con la guerra? En la guerra solo vemos odio, muerte, desastre absoluto.

Colosenses 3:14 nos dice: “Pero además de todas estas cosas, vístanse de amor, porque es un vínculo perfecto de unión.” De ahí, podemos afirmar que el odio es todo lo contrario. Separa hasta familias enteras y no trae nada bueno.

Y ¿Qué hay de 1 Pedro 4:8 donde se nos dice: “Ante todo, tengan amor intenso unos para con otros porque el amor cubre una multitud de pecados”? Una vez más se nos señala que la solución no es el odio y menos aún la guerra. Dios no nos incita en ningún momento a luchar contra nuestro prójimo.

Cuando Jesús, el hijo primogénito de Dios, vino a la Tierra para cumplir con la voluntad de Dios y con las profecías, ¿qué hizo él durante su estancia entre nosotros? ¿Desató la Guerra Santa con armas matando a pueblos enteros y obligando a la gente a rendirse ante su padre? Tal vez habrá quien afirme que desató una guerra simbólica. No obstante, no he visto otro hombre más pacífico que Jesús. Durante su corto servicio mientras se encontraba entre nosotros, Jesús dejó muy claro cuál era la voluntad y el propósito de su padre. Así fue como en una ocasión alguien le preguntó (Mateo 22:36-40) “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley? Y él le dijo: Tienes que amar a Jehová tú Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo, semejante a él, es este: Tienes que amar a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos pende toda la Ley, y los profetas.”

En ningún momento utilizó la fuerza, ni armas, ni la destrucción. Valoraba a las personas, a los pobres, a los enfermos, a los niños y a los abandonados. Se valió de su inteligencia y de su sabiduría para demostrar al mundo que hay otro camino mejor que la guerra y las matanzas. Rechazaba el odio, las avaricias y la violencia.

Hay muchos más textos que evidencian su voluntad y demuestran que las guerras distan mucho de ser Guerras Santas.

 

 

Fuente: Todos los textos bíblicos aquí citados son sacados de la “Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras”, publicado por la Watchtower Society.

No obstante, se puede consultar cualquier otro ejemplar para comparar.

 

Pero queda evidente que no existen las Guerras Santas.

humanidad

gustavo adolfo becquer

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