Granos vegetales. ¿Por qué remojarlos?

Todos los granos que encontramos en la naturaleza contienen una serie de enzimas encargados de inhibir su crecimiento hasta que haya un medio adecuado, como el agua de lluvia o la luz solar, que se convierta en el momento más adecuado para llevar a cabo el brote. Si comemos estos granos tal cual nos llegan de la naturaleza, sin activarlos, es decir, sin remojarse o bien germinar los mismos, estos inhibidores enzimáticos intervienen en nuestra propia digestión, haciendo que nuestros propios enzimas se vean bloqueados y no podamos digerir correctamente ni absorber los nutrientes que la dieta nos aporta a nuestra salud.

Además, a través de este sencillo proceso potenciamos aún más la energía vital del grano, aprovechando al máximo toda su fuerza contenida en su interior, ya que la cáscara se ve rota y el germen sale hacia fuera, que es donde realmente concentra las propiedades más valiosas.

 

Granos vegetales. ¿Por qué remojarlos?

En qué consiste el proceso de remojo?

Debemos remojar todas las semillas (lino marrón o dorado, chia, sésamo blanco o negro, pipas de calabaza o de girasol, amapola, etc.), la gran variedad de legumbres (alubias rojas, blancas, negras, mungo o adzuki , garbanzos, guisantes, soja negra o amarilla, la amplia gama de colores de lentejas, etc.), los diferentes cereales (arroz redondo, largo, basmatti, rojo, salvaje o negro, quinoa, trigo sarraceno, espelta, avena, teff, cebada, centeno, mijo, amaranto, canihua, fonio, etc.) y los frutos secos (cacahuetes, avellanas, almendras, nueces, piñones, pistachos, etc.).

Hay frutos secos que no tienen inhibidores enzimáticos, como las avellanas, los pistachos, las nueces de Macadamia o del Brasil y los piñones. Por lo tanto, para este pequeño grupo no habría el remojo. Los anacardos, por ejemplo, ya cuando los compramos vienen sometidos a un proceso de calor, porque se ha de separar la cáscara del grano, que es muy tóxica. En cualquier caso, podemos remojar la totalidad de granos igualmente para conseguir una textura más crujiente o bien más facilidad a la hora de triturarlos para preparar patés o bebidas vegetales.

El tiempo es muy relativo, todo depende del tipo de grano que queramos activar. En primer lugar las legumbres son los que necesitan más horas, alrededor de una noche entera, salvo las lentejas que son la excepción y con 3 o 4 horas sería suficiente. Después le seguirían los cereales integrales como el arroz o el trigo sarraceno, otros como la quinoa o el mijo también son más rápidos. Las semillas de gran tamaño necesitan unas 8 horas y las pequeñas con un par es suficiente. Por último tenemos los frutos secos, dentro de los cuales las más lentas son las almendras, con unas 10 horas, las nueces nacionales están listas en un máximo de 4.

¿Qué conseguimos con la germinación del grano?

Germinar es un paso más allá de remojar. Gracias a la germinación los granos se vuelven más digestivos, ya que la fibra se ve predigerida. Por otra parte, potenciamos su valor nutricional notablemente, por lo que nos aportan una gran cantidad de aminoácidos necesarios para la formación de nuestras proteínas; vitaminas, especialmente la K, pero también otros como la C, E y B; minerales como el calcio, el hierro, el magnesio y sobre todo muy de potasio, de gran importancia para la salud cardiovascular y calambres nocturnos en las piernas y como remate presentan una dosis inmensa de clorofila, la cual resulta básica para nuestro sistema inmune, subiendo las defensas naturales, también participa en la capacidad regeneradora celular, depura la sangre y los órganos y alcaliniza el organismo con una notable mejora de energía.

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: