Rebeca es una de mis novelas favoritas y al mismo tiempo, una de las grandes novelas olvidadas. Pertenecen a esta categoría novelas que han sido eclipsadas por su versión cinematográfica hasta el punto de que el público ha olvidado que la historia fue antes escrita que filmada. Tal vez el ejemplo más claro es Lo que el viento se llevó, una gran película pero una mejor novela de la que casi nadie habla, que quedó en el olvido y cuya existencia las nuevas generaciones ni conocen. Sin embargo, la situación de Lo que el viento se llevó  no tiene parangón con lo que sucede con la novela Rebeca, llevada al cine de la mano de Hitchcock como muestra de terror psicológico. Esta novela  es magistral. En ella el personaje principal no es la narradora, sino una muerta que no participa en la novela más que en los recuerdos de los personajes. Aún así, toda la novela gira en torno a ella hasta tal punto que acaba dando nombre a la obra. Todavía podría decir más, no sólo da su nombre,  sino que acapara hasta tal punto la atención del lector, que éste pasa por alto el hecho de que la narradora no es nombrada en toda la novela, el lector no conoce su nombre, es un personaje difuso llegando a ser menos real que la difunta Rebeca.

La novela tiene una trama aparentemente sencilla, una muchacha inglesa se gana la vida de acompañante de una rica americana bastante odiosa.  Mientras ambas pasan un tiempo en Mónaco, la narradora entabla relación con Maxim, un rico terrateniente propietario de una gran casa: Manderley, toda una propiedad histórica. Ella se enamora perdidamente de él,pero pierde toda esperanza de ser correspondida cuando descubre que Maxim es viudo y que toda la alta sociedad comenta lo destrozado que quedó al morir Rebeca, su mujer. Sin embargo, no sale de su asombro al ver que él la pide en matrimonio. Sin dudar, la narradora acepta, se casan y tras una fugaz luna de miel en Venecia, se trasladan a Manderley donde la narradora sufre la oscura opresión de la sombra de la primera mujer. Todo el mundo la recuerda, todos la alaban, todos hablan de la devoción que su marido sentía hacia ella, y la protagonista siente que Rebeca sigue siendo en el fondo la dueña de la casa, la que todo lo maneja y controla a través de la ama de llaves que había sido a su vez su ama de cría . Así, el personaje de la muerta acaba tomando realce y siendo cada vez más real, mientras que la protagonista pierde ese papel y se va convirtiendo en mera observadora pasando a un segundo plano y dejándose vencer por el fuerte recuerdo de la primera mujer.

Poco a poco entre marido y mujer se abre una brecha, hasta que por accidente sale a flote el velero en el que Rebeca perdió la vida. En él encuentran un cadáver de una mujer que parece ser el de Rebeca, a pesar de que Maxim ya la había identificado en el cuerpo de otra mujer años antes. Hay un juicio y el veredicto es suicidio, aunque nadie está conforme. Rebeca está más viva que nunca en la mente de todos y empiezan a recaer sospechas sobre Maxim. El final es lo más sorprendente de la novela, cuando más seguro estás de lo que realmente pasó, la autora da un giro uténticamente genial y crea un final impactante. La autoral, es la gran desconocida Daphne du Maurier, pero a todos os sonará si os digo que es la escritora de Pájaros y Extraños en un tren.

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