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Grandes Enigmas del Antiguo Testamento IX

HIJOS DE LOS ÁNGELES

Antes de empezar a leer este artículo convendría dejar los prejuicios a un lado y formularnos unas cuantas preguntas previas: ¿Estamos seguros de que ha habido ángeles en la antigüedad? Y, en caso afirmativo, ¿Se han dejado caer por la Tierra y se han manifestado físicamente a los hombres? Y, por último, ¿Han engendrado hijos con mujeres humanas?

Según el pasaje del Génesis abajo transcrito, parece evidente que así fue, aunque es un párrafo sobre el que los catequistas prefieren no insistir demasiado. La propia Biblia de Jerusalén reconoce que es un "episodio difícil". A pesar de todo, comenta que el autor sagrado se remite a una leyenda popular sobre los gigantes (en hebreo, nefilím) que habrían sido los titanes orientales, nacidos de la unión entre mortales y seres celestiales. A partir del siglo IV, los Padres de la iglesia salieron del paso identificando a esos "Hijos de Dios" con los descendientes del linaje de Set (tercero de los hijos de Adán) y a las "hijas de los hombres" con la descendencia de Cain.

 

Muchas de estas cuestiones -donde se constata que los contactos entre los habitantes de la Tierra y los visitantes del cielo fueron más frecuentes y estrechos de lo que podríamos imaginar- trajeron de cabeza a algún que otro teólogo medieval que, no obstante, desistiría de llegar a conclusiones claras a riesgo de comprometer la salvación de su alma. En el judaísmo tardío y en la tradición cristiana serian interpretados como "ángeles", sin más. San Agustín, en La Ciudad de Dios, comentando el famoso versículo del Génesis 6,1, fue el primero que reflexionó abiertamente sobre "si los Ángeles, al ser espíritus, pueden copular corporalmente con mujeres", inclinándose por una respuesta afirmativa.

 Y no le faltaba razón. En una lectura detenida e imparcial de la Biblia se pueden distinguir al menos dos clases de injerencias sexuales. Por un lado, las colectivas, como la recogida en el pasaje bíblico del encabezamiento, reiterado en un libro considerado apócrifo (me refiero al Libro de Enoch, cuyo original probablemente hebreo se ha perdido, pero del que se conservan copias griegas, etíopes y latinas). La otra clase de intervención seria selectiva, diríamos que programada y planificada con sumo detalle por Yahvé y sus acólitos, interviniendo directamente en la fecundación de personas claves en el desarrollo de su "pueblo elegido": Israel. Y así queda expresado en numerosos pasajes, sobre todo en Deuteronomio, 7:6: "Porque tú eres un pueblo consagrado a Yahvé, tu Dios," a ti te ha escogido Yahvé Dios tuyo, para que vengas a ser parte del pueblo de su personal propiedad entre todos los pueblos que existen sobre la faz del suelo".

Y, desde luego, como veremos a continuación, pone todo su empeño para que así sea, caiga quien caiga.

LA PROMISCUIDAD DE LOS DIOSES

Durante mucho tiempo, el Libro de Enoch se ha considerado un libro secreto del que San Agustín afirmaba que la Iglesia lo rechazaba de su canon debido a su gran antigüedad y que, sin embargo, fue plenamente aceptado por los primeros cristianos, entre ellos San Clemente de Alejandría.

Enoch (el que caminó en compañía de Ha-Elohim y éste le arrebató al cielo) nos habla sin tapujos de la unión de los celestes con las hijas de los hombres y completa algunos datos que se calla el Génesis. Transcribimos literalmente del Libro de Enoch (VII, 1-8 y VII, 1-6) el párrafo que tanto ha dado que hablar y que tantas teorías ha suscitado:

"Así pues, cuando los hijos de los hombres se hubieron multiplicado y les nacieron en esos días hijas hermosas y bonitas, y los ángeles, hijos de los cielos, las vieron y las desearon, se dijeron entre ellos: "Vamos, escojamos mujeres entre los hijos de los hombres y engendremos hijos". Entonces, semyaza, su jefe, les dijo: "Temo que quizá no queráis (realmente) cumplir esa obra, y seré, yo solo, responsable de un gran pecado.

Pero todos le respondieron: "Hagamos todos juntos un juramento y prometámonos todos con un anatema no cambiar de destino, sino ejecutar realmente (ese destino)..."

Luego nos dice el texto que les transmitieron una serie de conocimientos aparentemente extraños como "los encantos y los encantamientos, y les enseñaron el arte de cortar las raíces y (la ciencia) de los árboles". Más tarde, no deja lugar a dudas del fruto de estos embarazos:

"Así; pues. éstas concibieron y pusieron en el mundo grandes gigantes cuya altura era de tres mil codos. Ellos devoraron todo el fruto del trabajo de los hombres, hasta que éstos no pudieron alimentarlos más. Entonces los gigantes se volvieron contra los hombres para devorarlos".

UN NOÉ ALBINO Y DIVINO

Pero no nos desviemos. Otro de los pasajes del Libro de Enoch nos pone sobre la pista de lo que podría ser una especie de "plan genético" a gran escala llevado a cabo por la raza divina, empezando la programación por el nacimiento de Noé, supuesto hijo de Lamech. Y decimos supuesto porque, aunque el Génesis nada nos dice al respecto, Enoch es mucho más explícito. Cuando Lamech descubre que su bebé tenía la piel y los pelos muy blancos (albino diríamos ahora) y, sobre todo, cuando el niño abre los ojos e ilumina toda la casa como el Sol, le entran dudas sobre su paternidad y, presa del terror, se dirige a la casa de su padre Matusalén para consultarle: "Yo he puesto en el mundo un hijo diferente (de los otros); no es como los hombres, sino que parece un hijo de los ángeles del cielo".

Esta trascripción deja claro, pues, que las uniones sexuales con estas entidades divinas debían ser bastante frecuentes en aquella época. Pero aún amplía nuevos datos ciertamente significativos:

"Su naturaleza es diferente y no es como nosotros; sus ojos son como los rayos del Sol; su rostro es espléndido. Y me parece que no es mío, sino de los ángeles, y temo que se cumpla un prodigio sobre la Tierra durante sus días" (...) Así pues, cuando Matusalén hubo oído la palabra de su hijo, vino hacia mí (hacia Enoch, padre de Matusalén) en los confines de la tierra, porque se había enterado de que yo estaba allí, y gritó y oí su voz y fui a él, y le dije: "Heme aquí, oh hijo mío, ¿Por que has venido hacia mi?"

El me respondió y me dijo: "He venido a ti a causa de una gran inquietud, y a causa de una asombrosa visión a la que me he acercado. Y ahora escúchame, oh padre mío. Le ha nacido un hijo a mi hijo Lamech que no es parecido a éL su naturaleza no es como la naturaleza de los hombres, su color es más blanco que la nieve y más rojo que la flor de la rosa, los cabellos de su cabeza son más blancos que la lana blanca y sus ojos son como los rayos del Sol, y ha abierto los ojos y ha iluminado toda la casa"

Es más. Entre los primeros rollos encontrados en Qunram, nos llama la atención el Génesis Apócrifo. denominado Manuscrito de Lamech, escrito en arameo en la primera mitad del siglo I a.c. En él se cuenta cómo Lamech, de regreso a casa tras larga ausencia, se encuentra con la sorpresa de que su mujer Bathenosh había dado a luz a un niño, asegurándole que no era hijo de ningún extraño ni de ninguno de los "Vigilantes o Hijos del Cielo". Curiosa respuesta.

Pero hay más. Cuando Noé es avisado por Yahvé para que construya un arca y se salve del Diluvio, dará origen a la primera raza postdiluviana, la nueva humanidad. Y, a partir de entonces, los testimonios de concepciones por intervención divina no fueron casos aislados. Sin embargo, hubo también otros personajes destacados en la historia bíblica que tuvieron orígenes no menos sospechosos de haber sido concebidos directa y claramente por los elohim, los hijos de Dios, en mujeres terrestres, muchas de ellas estériles. En el Antiguo Testamento se aprecian claramente cuatro fases en la protección del pueblo de Israel y en su "seguimiento genético": la anterior al Diluvio, la de Abraham y su descendencia, la etapa del éxodo de Moisés y la época de los jueces. Hoy, gracias a la técnica de la fecundación In Vitro, nos resultará más fácil entender lo que a continuación sigue.

LA DESCENDENCIA DE ABRAHAM

Noé tuvo tres hijos: Sem, Cam y Jafet. Después del catastrófico diluvio, un personaje del linaje de Sem brilla con luz propia. Es Abraham, el patriarca del pueblo de Judá y de israel.

Su vida se desarrolló sobre el segundo milenio a.c. y los textos nos reiteran que tuvo muchos encuentros con Yahvé. De hecho, los elohim (con los diferentes nombres que adoptan), entraron en relaciones personales con los antepasados del pueblo judío y los hicieron depositarios de valiosos conocimientos técnicos y verdades reveladas a cambio de un pacto. Así, en el Génesis 15,4, Yahvé le asegura a Abraham que toda la tierra de Canaán le está destinada como herencia a él y a su posteridad y que su descendencia será tan numerosa como las estrellas del cielo. Es un pacto de sangre, pues escoge la circuncisión como signo de esa alianza.

A pesar de todo, las dudas de Abraham respecto a su descendencia eran más que razonables, pues él ya estaba peinando canas y su mujer, Sara, era estéril. Sin embargo, gracias a la esclava egipcia Agar, Abraham concibe a Ismael (sin intervención divina), cuyos descendientes -tuvo 12 hijo- llegarán a ser los árabes del desierto. Pero Yahvé deja claro que los ismaelitas no serán su pueblo elegido y hace concebir a Sara a su hijo Isaac, esta vez con ayuda sobrenatural (Génesis 21,1-4). A partir de este momento se van sucediendo una serie de extraños nacimientos en los que siempre hay presencia de mensajeros celestes (el "Ángel de Yahvé", según algunos textos) en el proceso previo al embarazo.

En concreto, nos referimos al nacimiento de los dos hijos mellizos que Isaac tuvo con su esposa Rebeca -que también era estéril, llamados Esaú y Jacob. Para no dejar dudas de la finalidad del plan genético, cuando Rebeca acude a Yahvé, éste le dice:

"Dos pueblos hay en tu vientre y dos naciones de tus entrañas se han de separar y una nación será mas fuerte que la otra" (Génesis 25,23). De nuevo vuelve a dejar claro que una de las descendencias -la de Esa- no le interesa. Jacob, como se sabe, tuvo a su vez trece hijos y doce de ellos fueron los que más tarde dieron lugar a las doce famosas tribus de Israel desperdigadas por todo el mundo a la muerte de Salomón.

Pues bien, Yahvé parece hacer una pirueta con Jacob y éste, a pesar de tener una esposa (Raquel), concibe cuatro hijos con su esclava Leah (sin intervenir Jacob):

Rubén, Simeón, Leví y Judá. El texto (Génesis 29, 31) es explícito: "Yahvé observó que Leah era menospreciada e hízola fecunda, mientras Raquel quedó estéril".

Ya hemos visto que la esterilidad no era problema para los planes genéticos de los elohim, así que también hacen fecunda a Raquel, quien dará a luz a José (Génesis, 30,22). Otro de esos pasajes reveladores sobre las intenciones de los dioses lo encontramos más adelante (Génesis, 35,10), cuando uno se aparece a Jacob y le cambia el nombre por el de Israel, diciéndole: "Yo soy EI-Sadday, sé fecundo y multiplícate; un pueblo y una muchedumbre de pueblos procederán de ti y reyes saldrán de tus lomos.

El país que di a Abraham y a Isaac, a ti te lo daré y a tu descendencia después de ti daré el país".

Es decir, que Yahvé renueva su alianza y sus promesas (de territorio y descendencia) tanto al hijo de Abraham –Isaac- como a su nieto Jacob. Como se ve, el seguimiento no puede ser más calculado y vigilado.

JUECES ELEGIDOS POR YAHVÉ

Seguimiento que dura cientos de años y siempre con un claro objetivo: evitar que el pueblo escogido se mezcle con otras tribus. Tal es su obsesión, que Yahvé no duda en masacrar a todo aquel que se pone por delante, sean cananeos o amorreos. Cuando las cosas parecen ir mal, es el momento en que el "Ángel de Yahvé" hace acto de presencia y resuelve la situación. Así ocurrió cuando, alrededor del año 1150 a.c., irrumpen los filisteos en la zona geográfica donde estaban asentados los israelitas, surgiendo un nuevo "niño anunciado". Veamos. En el Libro de Jueces, al relatar el nacimiento de Sansón (Jueces, 13), el "Ángel de Yahvé" se presenta a su madre, que era estéril, en el siguiente trance: "Fue la mujer y dijo a su marido: "Ha venido a mí un hombre de Dios.

Tenía el aspecto de un ángel de Dios muy terrible. Yo no le pregunté de dónde venía ni me dio a conocer su nombre, pero me dijo: "Vas a concebir y a parir un hijo. No bebas, pues, vino ni bebida embriagadora y no comas nada inmundo, porque el niño será nazareo de Elohim desde el seno materno hasta el día de su muerte". Entonces Mandah (el mando) invocó a Yahvé diciendo: "De gracia, Señor que el hombre de Dios que enviaste venga otra vez a nosotros para que nos enseñe lo que hemos de hacer con el niño que ha de nacer".

Como hijo de Elohim, tenía una serie de cualidades que le hacían diferente a los demás humanos, como era su fuerza sobrenatural (que se atribuyó a la largura de su pelo). El Antiguo Testamento le considera el liberador del pueblo de Israel al luchar contra los filisteos. (Sorpréndanse un poco más al saber que años antes el "Ángel de Yahvé" se había aparecido a Gedeón -otro de los jueces- para anunciarle que debía salvar a Israel de los madianitas. Y lo hizo.)

No olvidemos que el texto dice que Sansón sería nazareo, o sea, una persona dedicada a Yahvé ya antes de su nacimiento, por un voto vitalicio, comprometiéndose a no beber bebidas fermentadas, no cortarse el pelo, no acercarse a un cadáver y abstenerse de comida impura (Números 6,.1-21). Con algunas diferencias, las circunstancias básicas del relato de la concepción de Sansón se repiten también en el nacimiento de Samuel, el último juez de Israel de la tribu de Leví. Nació de Ana, la esposa estéril del efrainíta Elcana (1 Samuel, 1) y fue otro nazareo, al igual que siglos más tarde lo fuera Juan el Bautista (cuya madre, Isabel, también tuvo un embarazo prodigioso).

Samuel, inspirado por Yahvé, escogió a Seúl como rey y más tarde a David, padre del todopoderoso Salomón, a partir del cual el imperio se divide en dos reinos: el de Judá, en el sur (dos tribus), y el de Israel, en el norte (diez tribus).

La madre de Sansón -corno Ana, la madre de Samuel, e Isabel, la de Juan el Bautista (Lucas 1, 5-25)- dejó de ser estéril por la gracia de Yahvé, la misma que se "derramó" sobre Maria para fecundarla, siendo aún virgen. Además, Sansón, como Jesús, murió para salvar a su pueblo de los fiIisteos y también lo hizo con los brazos en cruz, forzando las dos columnas centrales del templo de Dagón en Gaza (Jueces, 15,27-31).Tal como apunta Javier Sierra en un exhaustivo reportaje, de algunos de los datos aquí expuestos "se desprende una conclusión inquietante: son "mutantes" concebidos en una vasta "operación genética" diseñada por Yahvé y cuyo producto definitivo parece -y recalco ese "parece "- que fue el hijo de un carpintero israelita nacido hacia finales del siglo I a c.".

Personalmente creo que en ese ambicioso plan genético -no acabado con el nacimiento de Cristo- está implicada también la trayectoria futura del pueblo hebreo (una nación "protegida" y rebosante de poder, a pesar de los muchos intentos de exterminio que se han llevado a cabo) y cuyo destino podría marcar, según los analistas políticos, el de toda la humanidad.

Yahvé escribe derecho con renglones torcidos.

 

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Comentarios:

  1. Escrito por Zenen05
    Fecha: 2009-10-26 16:51:18

    Super interesante el articulo, la verdad es que estoy leyendo el antiguo testamento y justamente estoy en Genesis y hay cosas muy contradictorias hay cosas que no entiendo, por ejemplo : Los únicos seres humanos que poblaban la tierra eran a Adan,Eva, Cain y Abel , Abel murio asesinado por Cain entonces Jehova lo expulsa y el se va a Nod donde conocio a una mujer (de donde salio ella? quien era?) .... Los hijos que tuvieron Adan y Eva despues, con que mujeres procrearon?? (no habian supone) Bueno recien estoy leyendo y la verdad es que tengo muchas dudas. Gracias por su articulo me aclara un poco el tema, pero ...

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