ARTHUR RUBINSTEIN (1886-1982) ha sido considerado uno de los grandes pianistas y más destacados artistas del siglo XX. Nacido en Polonia, en el seno de una familia obrera de origen judío, fue el más pequeño de siete hermanos y creció en una época de grandes virtuosos de la música. Tuvo la oportunidad de conocer a JOHANNES BRAHMS, quien le abrió las puertas al estudio del arte contemporáneo. Acudió a estudiar a Berlín y se relacionó con grandes profesionales como Paderewski o Heinrich Barth. Joseph Joachim se maravilló de su talento y quiso dedicarse a educarlo musicalmente.

Fue en Berlín donde ARTHUR RUBINSTEIN inició su carrera artística y se dio a conocer como pianista. En 1900 interpretó piezas de MOZART, Schumman y Chopin junto a la Orquesta Filarmónica ante el público de la ciudad. Años más tarde se afincó en París y se animó a “cruzar el charco” y viajar por tierras americanas sin mucho éxito. Le siguió su debut en Londres acompañando a Pau Casals. A partir de ese momento ARTHUR RUBINSTEIN se interesó por músicos como Isaac Albéniz o Manuel de Falla e incorporó algunas obras a su repertorio.

Gracias a su dominio de ocho idiomas, ARTHUR RUBINSTEIN trabajó de traductor durante la Primera Guerra Mundial, pero no volvió a actuar en Alemania después del 1914.

Los pocos conciertos que iban a sucederse en los años venideros se empezaron a multiplicar y muchos países lo acogieron como músico notable y se interesaron por sus piezas.

En 1932 ARTHUR RUBINSTEIN se casó con Aniela Mlynarsky y a partir de entonces su dedicación fue total llegando incluso a ensayar más de quince horas cada día. Años más tarde esa disciplina dio sus frutos y pudo realizar una gira por E.E.U.U. de una manera digna siendo reconocido como gran virtuoso del piano. Tras el estallido de la Segunda Guerra, escapó a los Estados Unidos, país que le otorgó la nacionalidad en 1946 y fue allí desde donde pudo dedicarse a organizar grandes conciertos por el mundo durante los años siguientes.

En 1958 ARTHUR RUBINSTEIN volvió a tocar en Polonia y fue en ese concierto donde vio como el público honraba su trayectoria hasta ese momento con una hermosa ovación. En 1976 tuvo que dejar los escenarios a causa de una ceguera, aunque siguió interesándose por el arte de la música hasta su muerte.

El gran ARTHUR RUBINSTEIN

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