Y así como puedo escribir cosas no agradables, también puedo hacer lo contrario y tratar de remediar un sentimiento con otro, espero lograrlo y aunque no fuere así, jamás nadie podrá acusarme de no haberlo intentado...

 

El insecto voló como antes, otras muchas noches antes lo había hecho, volando en la oscuridad buscando alimentarse del alimento misterioso que le permitía vivir y que sólo el secreto de la noche le podía brindar; nadie sabía a dónde iba y mucho menos lo que comía, sólo él, así pequeño y frágil, era el guardián de un enigma que nadie sabía tampoco cómo había llegado hasta ese diminuto cuerpecito y que parecía uno más entre millones que había parecidos a él.

 

Pero esa noche había preñado una vida, un descendiente, un amor chiquito que vibraba de éxtasis por salir a conocer un nuevo mundo y que no podía esperar los veintidós días obligatorios y rigurosos para asomar a un mundo desconocido y mágico…

 

Pero la madre era envidiosa y había logrado atraparlo con su sexualidad y encanto naturales y ahora que tenía una parte de él, no estaba dispuesta a dejarlo por nada del mundo; se sabía que al nacer esa criatura sería también la poseedora del secreto del alimento nocturno y ahora sólo tenía que esperar y acabar con el dador de vida y de un placer maravilloso; pero juntos los dos no podrían estar, mucho menos los tres, ella se concebía como única heredera del conocimiento fantástico del alimento eterno.

 

Gesss el insecto jamás sospechó nada y toda su existencia giraba en la nueva vida que estaba por llegar sin sospechar que estaba presenciando el principio de su fin porque quiso y amó y ahora su pasión lo llevaría al desengaño y al final de la travesía.

 

Josss había esperado paciente el lapso indicado y durante todo ese tiempo no le fue difícil fingir, ya que era maestra de esas artes, las de confundir y parecer…, y al fin nació la cría y el festejo no fue para menos, era el esperado, el elegido, el anhelado y el más desconcertado de lo que se presenció en el árbol del agua estancada del bosque de los abedules.

 

Justo cinco minutos después del nacimiento cayó desvanecido Gesss sin saber lo que acontecía, sin haberse repuesto de la alegría que le había embriagado su corazón al ver el alumbramiento de su pequeño Mishh; justo caía boca abajo, lleno de sangre y atravesado por el aguijón de su peor enemigo, que escondido esperó agazapado la oportunidad de ver a Gesss aparecer y verlo lentamente desaparecer de la faz de la tierra que le dio lo mejor de ella y que ahora Torch se lo quitaba despiadadamente y sin miramientos.

 

Gesss no era invencible y lo inevitable sucedió; ahora solo tenía que esperar Josss la llegada del crepúsculo que anunciara el momento de partida de Mishh hacia la tierra prometida y entonces acceder al alimento de los dioses, era de cuestión de tiempo…

 

Torch pagó caro su osadía, su vida fue el precio de semejante audacia, Josss le arrancó la cabeza justo después del asesinato artero se sucedía otro igualmente sangriento…

 

Mishh salió en la oscuridad seguido de cerca por su madre, avanzó lento por la negra noche buscando el lugar, y pasaron horas antes de que Mishh llegara a detenerse sabiéndose que había llegado a donde tenía que llegar, a su destino y el destino quiso para él y su egoísta madre una ocasión sin igual; fue entonces cuando Él derramó una lágrima de amor por su amada y así la gota, cayendo vertiginosamente llegó al suelo y fulminó a madre e hijo, muriendo instantáneamente, uno ahogado de amor y la otra quemada por la sal, uno viajando al lado de su padre, al terraplén de los insectos insignes e inmaculados y la otra a la morada fatal de las almas perdidas…

 

Él perdió al amor de su vida y Ella pudo al fin vivir tranquila…

 

Y el bosque de los abedules jamás volvió a ser el mismo.

 

Guillermo Lora Santos.

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