Fútbol de barrio

EL FUTBOL DE BARRIO COMO ENTE SOCIAL Y EL CRECIMIENTO URBANO

 

En este texto se analiza la relación entre fútbol como elemento social y el crecimiento espacial de la ciudad analizando de que forma el avance totalizador de lo urbano ha provocado la perdida de los espacios de esparcimiento social.

A lo largo de la historia el crecimiento urbano y la transformación de las ciudades ha producido cambios sustanciales en las dinámicas sociales y en las actividades que en ella se desarrollan, tanto en su estructura mayor como en sus núcleos menores como lo son las poblaciones, villas o barrios, tema sobre el cual que se aboca este escrito.

La concepción moderna de la ciudad tiene como propósito alcanzar la optimización de los espacios públicos como también mayor eficiencia en los modelos de construcción, motivo por el que se evidencia un crecimiento vertical de la ciudad y la edificación de departamentos y edificios proliferan por todas partes. Si bien el avance de lo urbano es un elemento positivo para las personas en cuanto a la satisfacción de sus necesidades básicas, trae consigo consecuencias importantes a tener en cuenta. Entre estos efectos está la perdida de los espacios de esparcimiento o reunión social y la pérdida del patrimonio cultural de barrios históricos debido a la presión de las inmobiliarias.Si nos detenemos en los efectos sociales, las políticas urbanísticas han quitado paulatinamente, pero de forma sostenida, los espacios de recreación debido a la construcción de barrios modelo “gringo”, supuestamente exitosos pero carentes de toda identidad y sentido de pertenencia. Siendo ese quizá su objetivo y no una consecuencia.

Esos espacios que antes eran de libre ocupación dentro la concepción popular, vegas y potreros, rápidamente se transformaron en canchas gracias a la iniciativa de los “cabros” en donde pasaban las horas en medio de una polvareda persiguiendo una pelota toda huilienta.

Además, ha sido ente medio de esos mismos tierrales en donde se han formado nuestros mayores ídolos deportivos, y es porque a pesar de su precariedad, permiten el desarrollo del futbol, ese futbol rebelde que caracteriza al juego sudamericano, con la “cachaña”, el “hoyito” y todo lo que envuelve a la pichanga de barrio.

Más allá de un recuerdo romántico avivado por la nostalgia, que algo de eso tiene, esto es una crítica hacia las políticas actuales que tienen pretenden que entendamos que un parque en la población equivale a un complejo de columpios y resbalines para que jueguen los niños y, que el gran interés del gobierno por el deporte se demuestra reemplazando las canchas de tierra por las nuevas “multicanchas" de cemento y enrejadas. En mi opinión esto no es más que otra de domesticar lo “popular”, lo indócil que tienen los barrios, ya que los prefieren así, quietos y en sus casas.

Las otras, las de tierra, poco a poco se han ido extinguiendo en medio de los bullicios de la ciudad y con ellas también la señora de las zopaipillas, las hallullas con picante, alguna que otra “Pilsen” un domingo por la tarde, la entretención de la gente y la libertad de los niños.

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