Esta tarde en un encuentro de la primera división en España,  entre el Almería y el F.C. Barcelona, los jugadores del equipo andaluz, que actuaba como local, pretendían lucir en su camiseta un mensaje de apoyo a Chile, país herido por un devastador y cruel terremoto. Con el lema claro y sencillo de “Fuerza Chile”, el equipo local quería comunicar un mensaje de aliento hacia una nación que ha sufrido un castigo injusto y salvaje. La iniciativa, noblemente  loable, debería haber servido de ejemplo a imitar al resto de participantes de una mal llamada liga de las estrellas. Chile, hermano  querido por muchos españoles, pelea hoy en día por recuperar su equilibrio, y cualquier aporte  económico o moral es válido, máxime cuando éste parte del corazón y los sentimientos. Hasta aquí todo bien, todo correcto. Sin embargo, siempre tiene que existir algo y alguien que destruya las buenas voluntades.

En esta ocasión, un árbitro, juez aficionado e incapaz en un deporte profesional  de élite, ha obviado el sentido común y la razón para, apoyándose en no sé qué normativa internacional que prohíbe lucir en las camisetas mensajes religiosos o políticos, impedir decirle a los chilenos que no están solos, que sabemos lo que sufren y que su dolor afecta a muchos de nosotros. No vale la pena nombrar al personaje, pues con su absurdo se han definido él y las normas que dice aplicar . Lo que sí que vale la pena es gritar con mucha fuerza lo que esta semana se publicó en el diario El País: ¡Viva Chile, mierda!

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