Hebreos 5:1-10

FUERZA AL PUNTO DE PERDER ESPERANZA (Lea: Hebreos 5:1-10)

Jesucristo se enfrentó plenamente con dos de los mayores misterios de la vida: la obediencia y el sufrimiento. ¿En qué punto del espectro de la obediencia oramos: “no se haga mi voluntad, sino la tuya”?

Jesús se enfrentó a la plena miseria que produce el pecado en el corazón del pecador mientras todavía está vivo. Toda la porquería desnuda de la depravación humana se forzó sobre Él, y sintió la vergüenza ardiente, aguda, de nuestras fechorías como si fueran Suyas. No es de extrañar que le llorara al Padre: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42).

A través del sufrimiento aprendió lo que es la obediencia, aprendió lo que significaba obedecer a Dios cuando cada célula en su cuerpo quería desobedecer, sin embargo, sabiendo que esto era la voluntad de Dios, obedeció, confiando que Dios le sostendría.

¿Cómo ganó Jesús? Negándose a cuestionar la sabiduría del Padre, negándose a echarle la culpa a Dios, no se refugió en la incredulidad, aunque esto se le vino encima de pronto. En cambio, se echó sobre el cuidado amante y tierno del Padre y esperó que le sustentara, fue sostenido seguramente sin importar cómo de profunda, cómo de seria fuera la necesidad. Él puede plenamente cumplirla, aunque estemos a punto de perder esperanza.

Padre, gracias porque Getsemaní no fue simplemente un acto sobre un escenario. El Señor Jesús no vino al mundo para cumplir un papel, sino que entró plenamente en la vida. Él lo sintió todo; se llevó la peor parte. Ayúdanos a confiar en Él.

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