Freud nació en Austria, aunque pasó casi toda su vida en la ciudad de Viena. Fue aquí donde estudió medicina y se especializó en neurología.

Freud siempre se interesó por las enfermedades mentales y solía asistir a diferentes cursos impartidos por médicos que tenían una visión moderna acerca de los trastornos mentales.

A principios del siglo XX Freud se interesó profundamente por el estudio de los sueños y publicó una obra titulada “La interpretación de los sueños”, libro que no tuvo demasiado éxito dando lugar a comentarios despectivos e innumerables burlas.

A pesar de todo, sus tratamientos terapéuticos tuvieron bastante éxito y más tarde publicaría la teoría de la sexualidad infantil basada en el principio de placer. Estas ideas hicieron que los otros médicos de su entorno le despreciaran y que fuera expulsado de algunos círculos académicos.

Pero Freud también tenía seguidores y algunos pensadores partidarios de las ideas del psicoanálisis se organizaron en diferentes asociaciones. Algunos de estos personajes fueron grandes escritores como Fromm o Marcuse, hombres que marcaron el pensamiento de la época.

Fue un médico investigador insaciable que constantemente contradecía sus propias teorías. No descubrió el inconsciente pero sí le dio la importancia que se merecía.

La psicología de las personas, para Freud, era comparable con un iceberg del cual solo se puede ver la superficie pero el resto queda sumergido. Él siempre quiso descubrir esa parte del ser humano que no puede verse, la parte oscura y desconocida, algo que creyó que podía llegar a conseguir gracias al psicoanálisis. Muchos autores se han inspirado en Freud y en cómo aplicar tan extensa base teórica a algunos de los campos más importantes de la ciencia. La interpretación de los sueños continua suscitando cierta admiración entre los expertos que ven con cierto escepticismo el tratamiento que durante años ha comportado y se ha dado al hablar de tan ambiguo tema.

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