Fray Luis de León: Decíamos ayer

FRAY LUIS DE LEÓN: “DECÍAMOS AYER”. ¿Quién se inventaría aquello de “decíamos ayer” que la vox populi insiste en seguir atribuyendo a Fray Luis de León, como carismática frase que marcó su encuentro con las aulas salmantinas tras su feliz liberación de ese agujero donde, son sus palabras, “la envidia y la mentira me tuvieron encerrado”?

Aunque la anécdota es hermosa, está demostrado desde hace años que la cita es tardía y apócrifa. Sin embargo, la frase no deja de tener validez: si no la dijo Fray Luis de León, merecería haberla dicho. Pero siempre que entendamos la frase en su dimensión psicológica y no en su sentido literal.

Resulta inconcebible que Fray Luis de León soltara a sus nuevos alumnos de Filosofía Moral el tema que les dejó a medio explicar a sus alumnos de Teología Tomista seis años antes, cuando fue detenido por la Inquisición y encarcelado en los calabozos del Santo Oficio de Valladolid, allá por marzo de 1572.

No era Fray Luis de León un hombre capaz de endosarles los mismos apuntes a alumnos de cursos distintos, generaciones diferentes y en asignaturas distintas. De hecho, la principal acusación contra él que aparece en la declaración que dio lugar a la incoación del proceso es la de ser tan amigo de innovaciones que hasta había dicho de la intocable edición de la Biblia Vulgata que “se podía hacer otra mejor”.

Sin embargo, como exponente del carácter de Fray Luis de León, y de la sabiduría popular, la frase no deja de tener su chispa y le hace justicia.

Nos quejamos todavía de la lentitud de la justicia. La injusticia de la lentitud es lo que le tocó a Fray Luis de León. Pasó casi cinco años en prisión en espera de juicio hasta que éste se celebró y, tras ser declarado inocente de todos los cargos que se le imputaban, fue puesto en libertad. Cuarenta y cuatro años tenía cuando entró en el calabozo; cuarenta y nueve cuando lo dejó.

Fray Luis de León salió de la cárcel con menos y más cano pelo y con menos peso y más dolor en los huesos. Pero más erguido que cuando entró. Demostró que su fuerza moral e intelectual no habían hecho sino acrecentarse, y, sobre todo, que no había perdido ni un ápice de su humanidad. Porque Salamanca le había recibido triunfalmente, y él hubiera podido aprovechar el momento para cargar contra quienes le habían denunciado. No hizo tal.

“Decíamos ayer” es un símbolo de la victoria del hombre contra la adversidad. Es afirmar que la ingratitud y la injusticia por las que se ha pasado no dejaron en uno residuos de rencor, de afán de venganza. “Decíamos ayer” es el perdón dispensado como fortaleza, no como debilidad. Es decir que lo que defendíamos ayer, cuando éramos jóvenes y teníamos éxito, lo validamos hoy en la noche oscura del desengaño y la soledad.

Necesitamos personas que, como Fray Luis de León, exclamen, aunque sea de manera apócrifa: “DECÍAMOS AYER”.

Fuente: Lengua y Pueblo. J.M. Sánchez Carrión. Ed. Pamiela.

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