La fortuna de tener una condición de empatía

Alguna vez, muchos de nosotros hemos conocido mujeres y hombres también, que tienen la fortuna de tener una condición de empatía, que semeja más bien un don, que es innato en ellos para captar la atención o la consideración de las demás personas. Aunque este don no es propio de un solo género, sin embargo me voy a abrogar la facultad de hacer referencia en este sentido, en especial; a la mujer como centro de atracción, para el sexo opuesto pero; tampoco podemos perder de vista que es común por demás, que esta “magia” no es del agrado del resto de las féminas. ¿Egoísmo, envidia...?

Todos generalmente, hemos soñado con conquistar una mujer bonita, hermosa, o bella, que llene nuestras aspiraciones o anhelos de hombre, por ego, como una forma de provocar la envidia de nuestros colegas de género o simplemente como una aspiración personal de atesorar algo precioso.

He conocido mujeres de todas las apariencias, pelajes, condiciones, encantos, defectos, taras… Eso me ha dado la experiencia necesaria para reconocer entre muchas de estas damas, esa virtud tan especial, de esa personalidad avasallante que nos encanta a todos, que nos arroba y nos inclina a la admiración de las mismas. Fíjense ustedes, para recrearnos un poco sobre lo que estamos diciendo, que no necesariamente es la más notable por sus encantos, no es una escultura viviente, o una mujer afocante que te obnubila la razón. Pero si es; la más sencilla,la más discreta, la que sabe sonreír sin llegar a ser exhibicionista, o preocupada por captar la atención de las personas como un fin en si.

empatía

La coquetería habilidad femenina

Es difícil, encontrar a una sola mujer que no sea coqueta. Algunas han aprendido a manejar esta habilidad femenina, aunque no es un dominio de las mujeres nada más, hay animales irracionales que, también hacen gala de esta “argucia” que por su condición es instintiva, hasta algunos hombres conocen y manejan el arte de coquetear. Tenemos el ejemplo de las aves; pájaros, el pavorreal y… Pero volviendo al caso de las mujeres, decíamos que algunas aprenden a manejar hábilmente la coquetería, exhiben sus encantos con arte, saben mirar, moverse, abanicar las pestañas, en fin.

La mujer especial a la que hago referencia, es un ser encantador, llena de esas sutilezas, de esas propiedades, que en gran medida vienen del interior de sí mismas. En su interior, tienen una vida muy intensa que luego reflejan hacía el exterior y que las rodea con esa aureola que las hace brillar, aún sin que se den cuenta ni se propongan hacerlo. Poseen un espíritu limpio, bellos sentimientos y una condición natural para el amor. Son esas cualidades juntas, las que las hacen tan fácil de querer de aceptar, de amar y de ganar simpatías del resto de la gente de su entorno y más allá.

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