Después de estar unos días en Ibiza, continuamos nuestras vacaciones en Formentera. Cogimos el ferry en el puerto de Ibiza y en una media hora ya estábamos en el puerto de La Savina, en Formentera. Allí pillamos un taxi que nos llevó hasta Es Pujols, al hotel Roca Plana, donde habíamos reservado. El hotel está muy bien: limpio, tranquilo, cerca de la playa, y un poco carete, pero en Formentera, los precios suelen ser bastante elevados.

Después de comer, nos fuimos a la playa de Es Pujols, (cruzar la carretera y andar unos 100 m). Es una playa muy grande, con mucha arena y con algunos chiringuitos. El agua muy transparente y entrando un poco hacia adentro en el mar, enseguida se pueden ver los peces y bucear entre ellos.

Por la noche cenamos en una pizzería que hay cerca del hotel y después nos fuimos andando hasta el paseo marítimo, en el que había montado un mercadillo de tenderetes de artesanía y nos tomamos unas copas en una de las terrazas del paseo.

Al día siguiente alquilamos una moto y nos fuimos por la carretera principal hasta Sant Ferran y desde allí hacia La Mola. Vimos a la derecha la indicación del Blue Bar y un camino de tierra y nos metimos por allí. Después de un rato pegando saltos en la moto llegamos al Blue Bar, donde dejamos la moto, y nos dirigimos por una pasarela de madera hasta la playa. Aquí la playa es fantástica. No hay mucha arena y para entrar al agua tienes que pasar sobre piedras y rocas, pero vale la pena disfrutar de un agua tan limpia. Además, no había casi gente y los que había cerca hacían nudismo así que nos quitamos los bañadores también. Después comimos en el Blue Bar, disfrutando de las vistas de la playa.

Playa Blue Bar

Blue Bar

Por la tarde nos dirigimos hacia el faro de la Mola. El paisaje es espectacular con sus abruptos acantilados, aunque hay que verlo desde abajo del faro, ya que éste estaba cerrado. En el lugar hay también un bar y un monumento a Julio Verne. Para llegar allí, hay una parte del recorrido en el que la carretera va todo el rato de subida entre pinos y con muchas curvas. A mí, que conducía la moto, no me daba tiempo de apreciar el paisaje, y sobre todo al volver que íbamos hacia abajo con la moto y tantas curvas nos acojonamos un poco.

Volviendo paramos en El Pilar de la Mola y visitamos el mercado hippy. Aquí todos los vendedores se fabrican lo que venden en sus tenderetes. Además había un hombre tocando la guitarra y cantando bonitas canciones

Mercado La Mola

Por la noche fuimos a cenar a Ses Illetes, al conocido restaurante Es Molí de Sal. Tiene muy buena fama y es muy caro, pero la verdad deja bastante que desear. No pudimos cenar en la terraza, pese a que habíamos reservado mesa. En el interior los camareros van corriendo, literalmente, por el restaurante con las bandejas, los platos, etc, lo que te da una sensación de estrés permanente. Después la comida está bien, pero para los precios que se cobran, creo que es exagerado. Allí presumen de que va el Rey y gente famosa, supongo que a ellos los tratarán mejor, por que lo que es a nosotros.

 

 

 

 

 

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