Nuestro siguiente día en Formentera lo comenzamos desayunando en la Fonda Pepe, en Sant Ferran. Está en la plaza, junto a la iglesia. Esta fonda es conocida porque en ella estuvo alojado Bob Dylan, en los años setenta. Antes de entrar a la fonda, tienen un gran bar (donde desayunamos), con las paredes repletas de dibujos y fotos de los años 70. El ambiente es muy rustico: mesas bajitas de madera maciza, vasos de duralex (al menos los del desayuno), pero vale la pena ir a tomarse algo y respirar un poco del ambiente de la época dorada de los hippys. En frente de la fonda tienen también un hostal, que es más reciente.

Después nos fuimos hasta la cala Saona. Desde Sant Ferran hay que llegar a Sant Francesc y coger la carretera que va hacia el cap de Barbària. Por esta carretera hay un desvío a la derecha que lleva, entre los pinos, a la Cala Saona, una playa rodeada de rocas. Aunque hay un hotel cerca, que desentona un poco con el paisaje, no llega a molestar a la vista cuando te tumbas de cara al mar, ya que se queda a la espalda. La playa es magnífica, como todas las que vimos en Formentera, para que engañarnos. Además tuvimos suerte y el agua estaba tranquila.

En esta playa, llama la atención las casitas construidas sobre las rocas que envuelven la playa. Algunas son realmente cuevas dentro de la roca. En estas casitas, los pescadores guardan sus barcas. Tienen una especie de carriles sobre los que deslizan la barca para bajarla hasta el agua, y para subirla después.

Por la tarde, después de hacer la siesta y descansar un poco en el hotel, cogimos de nuevo la moto y nos dirigimos hacia el cap de Barbària. Lo bueno de Formentera es que con una moto, puedes recorrer toda la isla en un momento y meterte por cualquier caminito.

El cap de Barbària es donde se encuentra el famoso faro que sale en la película “Lucia y el sexo” de Julio Medem. La verdad es que impresiona ver acercarse el faro cuando vas por una carretera estrecha y larga hacia él.

Cap de Barbària

 

Le dimos la vuelta al faro y disfrutamos de las bonitas vistas del mar y de los acantilados y nos esperamos a ver la puesta de sol. No fuimos los únicos que tuvimos aquella idea, ya que conforme iba bajando el sol, iba llegando más y más gente para disfrutar del espectáculo. Algunos se dedicaban a hacer montoncitos con piedras, lo que debe ser algún ritual, ya que la zona estaba toda llena de montoncitos.

Una vez se puso el sol, nos volvimos para Sant Francesc, pero donde empieza la carretera que conduce al cap de Barbària, vimos un restaurante llamado Es Cap y paramos a cenar aquí. Tiene una terracita magnífica bajo los pinos, en la que nos comimos unos pescados a la plancha deliciosos.

Puesta de sol

 

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