La mejora de la ocupación de los trabajadores y trabajadoras y la preparación de los jóvenes que se incorporarán al mercado de trabajo es, sin ningún tipo de duda, uno de los objetivos que se han de priorizar en las políticas públicas de formación y ocupación.

Teniendo en cuenta la crisis que estamos viviendo y los problemas estructurales de nuestro mercado de trabajo, con un elevado porcentaje de micro,pequeñas y medianas EMPRESAS, se ha de valorar positivamente que en la FORMACIÓN PROFESIONAL dual se consiga una inserción laboral del 45% de los alumnos. Esto requiere que en los centros se establezca un tipo de liderazgo y de gestión directiva y de trabajo del profesorado diferente del que se sigue en otros tipos de centros de enseñanza.

En una lógica de trabajo por proyectos, el centro de formación profesional, ademas de su oferta ordinaria, ha de tener la suficiente flexibilidad organizativa para facilitar respuestas a adaptadas a las necesidades de las personas y las empresas del territorio, así como disponer de las horas necesarias para que el profesorado esté en contacto permanente con las empresas colaboradoras del centro formativo, ofreciendo una oferta profesionalizadora a los jóvenes del territorio que no han superado el graduado en ESO o que han abandonado sus estudios.

La prestación de los diferentes servicios se ha de hacer con los recursos humanos suficientes y con los recursos técnicos y materiales adecuados y la implicación de todas las partes políticas y sociales del territorio, siendo ésta una obligación y apuesta de futuro.

La experiencia de los CENTROS de formación profesional que encabezan la prestación de servicios se ha de extender al resto de la red de centros de FP, y servir como ejemplo para la alternativa educativa. Estos elementos deberían tener un importante encaje en la futura Ley del Sistema Integrado de Calificación y Formación Profesional.

La formación profesional como alternativa

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