Andres Sopeña Monsalve, con el florido PENSIL, nos lleva de la mano a esa infancia, que a los niños españoles, y bajo la atenta miradada del movimientoy sin moverse ni a izquierda, aunque si a derecha.

En el florido pensil se repasa la infancia que tuvimos aquellos que nacimos alrededor de los años sesenta, como niña de esa época, este libro me lleva a mi propia infancia, todo lo que el autor nos cuenta es familiar, e incluso me vienen a la memoria aquellas enciclopedias que eran nuestros libros de texto, el pozo donde se encontraba toda la sabiduría que debíamos adquirir, a parte de nuestra formación moral y religiosa, por supuesto religión católica, la mas rancia y trasnochada versión.

A través de esta educación se nos quería hacer españoles y españolas de pro, y con un versión alterada de la historia pretendían que fuéramos la reserva espiritual de occidente, con una versión del nacional catolicismo que quería hacernos odiar a todo el que no era como dictaba la versión oficial.

Los chicos debían de convertirse en hombres familiares, que cuidaran de su esposa, y de sus hijos (muchos a poder ser), sumiso con las autoridades, y muy católico, tan español que odia a los malvados rojos y a los ateos, capaz de dar su vida por la patria.

Y las mujeres femeninas, sumisas a los hombres de su familia, buenas católicas, dedicadas a su familia, hacendosas y buenas amas de casa, madres abnegadas.

Todo el mundo cantaba la gloria del florido pensil, en la escuela no sabían que era el pensil, pero todos lo cantaban con el brazo en alto e impasible el ademán, no fuera a caer algún capón.

Y nadie se saltaba una letra, que a repetir como loritos, sin pensar si lo habíamos aprendido. Lo del pensil era para comenzar, que después seguía el cuento.

Había por todo el sainete escenas con jugo, como el problema con el bodeguero que sacaba un dinerillo el vino con agua y acido tartarico, o las lecturas edificantes donde las niñas ricas y aplica

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