Flores silvestres

Las flores tienen sus leyendas. Siento pasión por todo tipo de flores, ramos de flores, flores silvestres, macetas con flores. Para mí las flores son otro prodigio de la naturaleza. Os contaré tres preciosas leyendas sobre ellas.

Leyenda de la margarita.

Margarita era el nombre de una flor muy bella que crecía en el campo en primavera. Vivía rodeada de otras margaritas. Orgullosa y coqueta, alardeaba de sus pétalos blancos e inmaculados ante las demás.

Las mariposas, abejas y otros insectos que la sobrevolaban se quedaban extasiados ante su belleza y ella les dejaba posarse sobre ella con la condición de que no estropeasen sus hermosos pétalos.

Así vivía feliz la margarita, pero un día, una familia acudió al campo a comer. Los niños, asombrados ante la bella margarita, la cogieron para mostrársela a sus padres. Ella, en su inocencia, estaba orgullosa de haber sido la elegida. Entonces la madre les propuso un juego: deshojar la margarita jugando a alternar un “te quiero” y “no te quiero” en cada pétalo que arrancaban.

La margarita, horrorizada al ver que le estaban arrebatando sus pétalos comenzó a llorar desconsoladamente hasta que murió de pena. Pero el último pétalo fue un “te quiero” dicho por la madre a sus hijos, y pudo ver unas dulces sonrisas antes de morir.

Desde entonces, este juego de pétalos se ha hecho popular en todo el mundo.

•  Leyenda de las violetas.

Cuentan que en la antigua Roma los dioses crearon las estaciones del año y después de haber creado el invierno, de un soplo apartaron las nieves y comenzó a nacer la hierba, las aguas de los arroyos empezaron a correr y el sol salió entre las nubes. Ante este espectáculo, los dioses comenzaron a llorar de alegría y sus lágrimas cayeron sobre la tierra brotando en su lugar las violetas. Por ello, también se las conoce como “Lágrimas de los dioses”.

Leyenda del jazmín.

Una joven beduina, llamada Jasmine, vivía en el desierto alegre, libre y feliz. Cubría su bello rostro con numerosos velos para protegerse del sol.

Un príncipe berebere que conoció su historia fue a buscarla y la descubrió entre dunas y arenas, caminando con ese porte que sólo las diosas emanan al caminar. Enamorado de aquella misteriosa mujer la pidió en matrimonio, le ofreció su palacio y todas sus riquezas.

Ella lo vio tan apuesto que aceptó su ofrecimiento y se casó con él. Se vio atrapada entre paredes pintadas, copas de plata y rosas de papel. Sintió morir dentro de aquella jaula de oropel y decidió escapar una noche a lomos de un corcel hasta sumergirse en las arenas del desierto más cercano donde expuso su rostro al sol despojándose de sus velos. Éste, al ver tanta belleza, la transformó en esta flor que, desde entonces, vive en libertad en aquellos lugares más cálidos del planeta.

 

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